Los especialistas confeccionaron el informe final sobre la impresionante cantidad de peces muertos hallados en el Río Salado durante noviembre de 2020. Los resultados determinaron la presencia de diferentes vertidos que habrían causado el fenómeno.

El informe del Laboratorio de Ecotoxicología, dependiente de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB-UNL), determinó la presencia de herbicidas e insecticidas en los peces muertos. Para la investigación se tomaron como pruebas el agua del río, sedimento del lecho y peces moribundos. Las muestras se obtuvieron en presencia de los expertos de las instituciones y funcionarios de la Procuración General.

Resultado del informe

El estudio confirmó que los niveles de oxígeno en agua eran muy bajos y debajo de lo límites aceptables para la biota acuática y para uso recreativo. Las mayores temperaturas se asocian a la disminución de la solubilidad del oxígeno disuelto y esto explica, en parte, las bajas concentraciones de oxígeno disuelto en ambos puntos periciados.

No obstante, ambos parámetros deben interpretarse con cautela debido a que las muestras de agua fueron tomadas luego de precipitaciones mayores a 58 milímetros durante la tarde y noche del día anterior, 3 de diciembre de 2020.

El segundo informe, fue elaborado por el Dr. Rafael C. Lajmanovich (Investigador Principal del Conicet y profesor de la cátedra Ecotoxicología); la Dra. Paola M. Peltzer (Investigadora Independiente Conicet); y el Dr. Maximiliano A. Attademo (Investigador Independiente del Conicet), en el Laboratorio de Ecotoxicología de la FBCB.

Dicho informe, con el que ahora cuenta la Fiscalía Extrapenal del Distrito Judicial con asiento en la localidad de Esperanza, contiene muestras sobre la base del relevamiento de dos sitios de análisis en la margen este del río Salado. Allí se obtuvieron muestras de sedimento, agua y tejidos de peces.

En los puntos de muestras se encuentra una sinergia entre contaminantes de origen inorgánico y orgánico. Al análisis de plaguicidas que surgen del muestreo realizado, en los puntos de referencia, se destacó que los mismos se encuentran inmersos en una cuenca con una matriz de producción agrícola intensa. Tanto en los sedimentos (en márgenes del río) como en las vísceras analizadas de las especies ictícolas (principalmente sábalos y moncholos), se encontraron plaguicidas del tipo “herbicida glifosato”, principalmente.

Los valores hallados se encuentran en relación con los registrados por diversos investigadores en otras cuencas agrícolas argentinas que tiene que ver con la historia de los suelos que, luego de las lluvias, drenan hacia cuerpos de agua cercanos (arroyos, ríos, tributarios, lagunas) o por escorrentía, movilizando materiales.

Más químicos

En cuanto a los analitos analizados por los expertos en los tejidos de los peces recolectados, se detectaron en ambos puntos del muestreo, residuos de plaguicidas. “En branquias e hígado de Prochilodus lineatus (sábalo) en el sitio 1 se encontró el herbicida 2,4-D en una concentración de 20 (± 10) ug/kg y el insecticida organofosforado.

A su vez, los especialistas en ecotoxicología indicaron que “el glifosato y la atrazina son los agroquímicos más empleado en el país. Se utiliza principalmente en la fase previa a la siembra de soja y maíz transgénicos. Además, el 2,4-D por su efectos tóxicos y genotóxicos en peces, se puede clasificar como una sustancia muy nociva para los organismos acuáticos”.

También se detectaron en branquias e hígado de la especie estudiada, residuos de un potente insecticida organfosforado (OP). “El clorpirifos es el insecticida neurotóxico de amplio espectro más utilizado en Argentina (principalmente en cultivos de soja, maíz, trigo y girasol) para controlar plagas de insectos”, mencionaron y agregaron en el informe que “debido a sus grandes riesgos para la salud humana y animal (sus exposiciones crónicas pueden causar déficits cognitivos y conductuales) en enero de 2020 la Unión Europea prohibió el uso del clorpirifos”.