Lucía Cabrera es una joven de 25 años, estudiante de Educación Física, que en marzo pasado realizó una denuncia por acoso callejero. En esa fecha, un taxista la siguió unas cuantas cuadras hostigándola con propuestas sexuales, hasta que se cruzó con un policía y pidió la ayuda correspondiente.

Dos meses después, asistió a la primer mediación, un hecho sin precedente en la Ciudad de Buenos Aires. La justicia dictaminó que el chófer del taxi deberá tomar un curso de “Convivencia, diversidad y Derechos Humanos”en la ESMA.

En sus declaraciones a la prensa, la joven dijo: “No me interesa exponer al taxista, me interesa que se discuta la violencia que vivimos las mujeres todos los días y que lleva a consecuencias peores como violencia y femicidios”.

En diciembre del año pasado, se logró la sanción de una Ley contra el acoso callejero por afectar la “dignidad y el derecho a la integridad física o moral de las personas”. La misma puede multar con sumas desde 200 a 1000 pesos, o a ser obligado a realizar cursos sobre violencia de género y trabajos comunitarios durante un tiempo.