Se trata de dos hombres que vivían en las calles, y fueron los primeros en auxiliar a los heridos que salían desesperados del recital. Ambos recibieron recompensas por sus acciones.
Después del ataque, tres individuos fueron detenidos sospechosos de formar parte de una red de terroristas. El gobierno aumentó el personal de seguridad ante la posibilidad de nuevos ataques.