Como todo atentado, duele. Pero que las víctimas sean niños y adolescentes que habían ido a ver un show de música lo hace terrorífico.

El lunes, tras un espectáculo de la cantante Ariana Grande, ocurrió una explosión en el estadio Manchester Arena, al norte de Inglaterra, provocando la muerte de, al menos, 22 personas (entre ellos muchos niños) y una cifra de heridos que se mantiene en 59, informó este martes la Policía de esa ciudad.

El jefe de Policía de Manchester, Ian Hopkins, en rueda de prensa, confirmó además que el autor del ataque murió en el lugar al hacer detonar un artefacto de fabricación casera. El funcionario precisó que el responsable del ataque, al parecer actuó solo.

El ataque, que tuvo lugar en el vestíbulo del estadio, dejó a cientos de personas huyendo de terror, con jóvenes separados de sus padres en medio del caos.

El caos y el pánico se apoderaron de la ciudad de Manchester después de que se reportara una explosión dentro del Manchester Arena mientras finalizaba el recital de Ariana Grande y otra explosión controlada en los jardines de la Catedral este lunes por la noche.

El Manchester Arena es un centro deportivo cubierto con capacidad para 21.000 personas en el que se realizaron grandes eventos como conciertos de U2 y Madonna.

Testigos en el área del estadio “Manchester Arena” dijeron a la BBC haber visto al menos una veintena de cuerpos tendidos tras escuchar al menos una explosión en el sector de las boleterías reportó la agencia Ansa. Las redes multiplicaron imágenes de los heridos y testimonios de los asistentes al concierto.