Julio Avelino Comesaña llegó a Santa Fe el 3 de enero. No era la primera vez que pisaba ese suelo, lo había hecho durante el 2018 cuando su Junior de Barranquilla eliminó a Colón de la Copa Sudamericana: esa fue, también, la primera vez que José Vignatti escuchó su nombre.

Por eso el día que Eduardo Domínguez informó que no seguiría, el presidente quiso traer al entrenador uruguayo, nacionalizado colombiano, como una gran apuesta personal, a pesar de que no tenía experiencias en el fútbol local.

Lo primero que pidió Comesaña en Santa Fe fue que el plantel se sometiera a exámenes médicos y luego se mostró tomando un liso: la relación con los hinchas rojinegros no podía empezar mejor. Con las primeras prácticas comenzó la danza de nombres para reforzar al equipo. Los directivos le trajeron todo lo que pidió, menos a Teo Gutiérrez por una diferencia económica.

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Llegó el delantero Wilson Morelo, Andrés Cadavid y Guillermo Celis de Colombia. El Pulga Rodríguez no había sido pedido, lo mismo que Fernando Zuqui y Gabriel Esparza, pero cayeron muy bien. Aunque no pasó lo mismo con el defensor Damián Schmidt que produjo el primer encontronazo entre el DT y el presidente: el uruguayo no lo quería y Vignatti se lo enchufó igual. Hasta ahí no parecía tan importante.

“Las aspiraciones son lograr clasificaciones importantes”, dijo en la segunda conferencia de prensa que tuvo, haciendo ilusionar al pueblo sabalero. Luego cambiaría de objetivo y avisaría que estos seis meses eran “de transición”. Ahora Colón está muy lejos de la clasificación a la Sudamericana.

“Quiero armar un equipo que gane con la pelota y no rezando”, avisó después, en la previa del encuentro amistoso frente al Nacional de Eduardo Domínguez: el primer partido que disputó y ganó.

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Luego avisó que llegaba “de manera aceptable al reinicio del torneo”, pero empezarían los problemas: le ganó a Argentinos de local con una actuación magistral del Pulga Rodríguez, perdió con Lanús y empató con Vélez (ambos de visitante), salió derrotado del Brigadier López frente a Banfield (el día que dijo que le daba “verguenza” el planteo que había hecho Hernán Crespo) y volvió a perder, esta vez en Córdoba frente a Talleres. Fue el comienzo del fin: “Parece que (su equipo) tiene temor de jugar”, declaró. Bomba.

A mediados de febrero, Nexodiario había notado las incomodidades de Comesaña en Santa Fe. Nunca llegó a hacer pié. Se enojó con la dirigencia, con los jugadores y hasta con la prensa. Llamó “alcahuetes” a algunos empleados del club que hablaban con periodistas y les daban información. No entendió los tiempos del fútbol argentino, fue carente de autocrítica y por eso duró apenas 61 días en el país.

Ahora, tal como dijo en la entrevista con un medio colombiano en el que se rió de la situación de Colón, tomará el primer vuelo que encuentre hacia su país de adopción. Fue una partida de Vignatti que salió muy mal, arruinó el semestre del sabalero y lo deja en estado crítico, apenas días antes de jugar frente al puntero de la Superliga, Racing.