
La emoción de cada uno de los sabaleros está a flor de piel. La victoria del jueves por la noche frente a San Pablo en el mítico Morumbí es una hazaña. Hay que extraerla de la Copa Sudamericana que Colón disputa, porque vale por sí misma: el 1 a 0 que se trajo del vecino país el equipo de Eduardo Domínguez ya forma parte de la historia grande del club rojinegro.
Por eso, Gustavo “el Turco” Mazzi decidió dedicarle un cuento. Un relato que cala en lo más hondo de los hinchas, que bucea en las profundidades de una pasión que trae más alegrías que muchas cosas de la vida. Y su hermano Fabián decidió empezar su programa de los mediodías en LT10 leyéndolo.
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Hace un año que El Turco no está más en el aire de la radio. Pero para que no lo extrañen demasiado, deja perlitas como esta. Una sola advertencia para el lector: se va a emocionar.
La carta completa del Turco Mazzi para los hinchas de Colón:
2 de agosto del 2018. Día de la reafirmación de la leyenda.
Primero hay que saber sufrir ,después amar, después partir y más tarde volver de Brasil con el orgullo intacto, el pecho inflado y la bandera en alto. Alguna vez este momento tenía que llegar y repetirse. Aquel día contra Rafaela en Rosario cuando te fuiste del gigante, lloraste lágrimas densas en el hombro de tu viejo que te hizo de Colón. Porque así se sufre en esas crueles derrotas cuando el fútbol es mucho más que una simple pelota. Ese descenso también te enseñó que el amor por esos colores te corresponde para siempre. Y que por ende, en las malas hay que estar más unidos que nunca porque es en el dolor donde se muestra toda la fidelidad a un gran amor.
Aquel día también supiste que ibas a volver a llorar por esta causa, pero con esas lágrimas compartidas con tantos como vos serían tarde o temprano de felicidad. Hoy es uno de esos días. Tal vez el viejo no estuvo físicamente en el Morumbí o acaso “el Barba” lo mandó a las duchas antes de tiempo como aquel recordado cumpa que aguantó los trapos desde el cielo.
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Pero seguro, seguro, nadie se perdió este 2 de agosto del 2018 el partido de fábula que le regaló su querido club. El Negro, siempre fiel a sus amigos, ayer se levantó después de los 90 minutos y emocionado hasta la exageración al borde de la mesa y después de semejante resultado dijo con voz ronca: “Qué cagada papá que no estuviste acá”. Y llorando casi con vergüenza delante de los muchachos gritó con los brazos de cara al cielo: “Gracias viejo por haberme hecho de Colón”.
La fiesta siguió. Después de un respetuoso minuto de silencio donde cada uno en su intimidad recordó sus raíces rojinegras. Un poco más allá los vagos de la barra, felices hasta el delirio místico de querer estar jugando en diciembre la Copa Intercontinental, adonde no se llega por la Sudamericana, y al filo de una borrachera que para mucho (incluso para alguna esposa) mañana estará justificada. Recordando con nostalgia los partidos del ascenso con rivales de dudosa jerarquía, y en precarios estadios con tanta fe y pertenencia llegaron envueltos en la bandera grande de el Charly, con el Flaco y tantos otros que ya no están. Y que lamentablemente hoy no pudieron disfrutar en carne propia lo que significa ganarle al San Pablo de Brasil en el patio de su casa.
2 de agosto del 2018. El día de la reafirmación de la leyenda sabalera. ¿A quién le importa a esta hora un triunfo o la eventual derrota en una revancha? Colón se convirtió en el primer equipo argentino de la historia en ganarle al San Pablo en el majestuoso Morumbí. Ya vendrá la segunda parte de la historia en el Brigadier. Ahora es tiempo de ver de qué se trata la felicidad. Cómo se construye el sueño del menesteroso pibe de barrio que con el orgullo de los deberes bien hechos le muestra jactancioso a su familia que aquellos sueños están para ser cumplidos.
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Y así este 2 de agosto miles de esos entusiastas soñadores fueron fieles testigos de otro momento histórico de su club. Dentro de uno de los coliseos más grandes de América, donde acudieron vestidos de elegante rojo y negro, dispuesto a formar parte de uno de los más seductores banquetes que la vida le puede ofrecer a un humilde hincha de fútbol del proletario barrio centenario de Santa Fe.
De ahí mismo se fueron pipones, llenos de esa gloria que no se borrará jamás. Sabiendo que mañana mismo dirán, como lo hizo tu abuelo o tu papá: “Yo vi, estuve cuando le ganaron al San Pablo en el Morumbí”.
Colón, una pasión que nace, crece y se reproduce como la mismísima vida al amparo de padres y madres que no sólo engendraron un hijo para que sea la continuidad de su propia sangre y de sus apellidos. Ellos te tuvieron a vos para que el sentimiento, la pasión y hasta el orgullo por esos colores no se terminen nunca: de vos depende.
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Porque vos serás hasta el último segundo de aliento que Dios te de, el encargado de continuar el mayor legado que tus viejos te dejaron. Y enaltecer esa bandera es el mayor deseo de cualquier hincha que se precie de tal.
Como ayer, como siempre, en la derrota o en la resonante victoria. Como esta que se dio en el afamado Morumbí. Donde 11 tipos en la cancha, más de cuatro mil en las gradas y una multitud frente al televisor reafirmaron un 2 de agosto del 2018 que Colón está de pié. Y la leyenda continúa.
El Turco Gustavo Mazzi.






















