Por Carolina Guiguet *

A muchos de nosotros, estos tiempos en cuarentena nos despertó nuestro lado más creativo y emprendedor. Son circunstancias, que nos invitan a salir de nuestros espacios conocidos.
Sin embargo, cuando de emprender se trata, resulta difícil -y para algunas personas más que otras- organizarnos y pasar a la acción, ¿no?
¿Te pasó de tener muchas ideas y proyectos en la cabeza que con el tiempo se disuelven sin que hayas podido llevar nada a cabo?
En este artículo vamos a hablar sobre algunas herramientas para que paso a paso puedas materializar tus deseos.
Los proyectos y las ideas no suelen presentársenos de una manera muy ordenada. Frecuentemente surgen sin esperarlas desde alguna conversación casual, o vienen gestándose en silencio a partir de una necesidad de generar cambios y acciones nuevas en nuestra vida.
Entonces ahí van, todas amontonadas, sin forma definida, sin poder precisar cuál es la punta del ovillo y desde donde tirar para poder potenciar todo ese material y darle la forma que necesitamos.
“Un viaje de mil millas comienza por un paso”, dicta la frase atribuida a Lao-Tsé. Y de eso se trata.
Tomá nota de estas herramientas, probálas en casa y verifícalas personalmente para que puedas encontrar la mejor manera de adaptarlas a tu estilo.
- Dedicáte un bloque de tiempo suficiente para sentir que no tenes que estar atendiendo el tic tac del reloj, ni a tu CELULAR. Es importante en estos momentos desconectarse del exterior para poder darle atención a lo que está naciendo en tu interior.
- Prepara el espacio. En un lugar desordenado y lleno de cosas resulta más difícil pensar con claridad. Despejá tu mesa o escritorio, provéete de hojas limpias, lapiceras y algún resaltador. Lo importante es que te sientas confortable: si sentís que te ayuda, alguna melodía tranquila puede acompañarte en este momento de soledad. En mi caso por ejemplo, no puedo empezar si no preparo el mate.
- Despejar lo importante. Hay varios caminos que nos llevan a Roma pero en este caso propongo dos: O empezamos por nuestro Objetivo General, el más amplio y desde allí lo desglosamos en Objetivos más Específicos, o a la inversa. Depende de qué es lo que tenemos más claro.
Yo les recomiendo la primera opción. El objetivo general es la finalidad del por qué empezamos a desarrollar un proyecto. Sería lo que nos mueve a hacerlo. Puede ser algo más concreto como “aumentar un 30 % la productividad o el ingreso mensual” por ejemplo, como algo más bien abstracto u emocional del tipo “romper patrones y creencias limitantes a partir de actividades nuevas” o “desarrollarme profesionalmente”.
En relación a este objetivo general o amplio, será que plantearemos los pasos concretos necesarios para alcanzarlo. Cómo y a partir de qué acciones podremos llegar a lograrlo. Estos son los objetivos específicos.
Para el último ejemplo podrían ser:
- Aumentar mis herramientas profesionales.
- Ampliar mi red de contactos profesionales y colegas.
- Desarrollar canales de comunicación para alcanzar nuevos clientes.
- Planificar las acciones. Una vez que tenemos enumerados los objetivos específicos podremos entonces empezar a plantearnos los Objetivos Operativos. Estos consisten en las acciones que deberemos realizar para concretar los distintos objetivos específicos que nos planteamos. La característica de estos es que pueden ser medibles y “tildables” cuando los hemos realizado. Siguiendo el ejemplo anterior podrían ser:
A 1- Inscribirme al curso de formación en “XX”.
A 2- Comprar tal o cual instrumento de trabajo.
A 3- Hacer prácticas de la técnica “XX”
Todos ellos concretan el objetivo A: “Aumentar mis herramientas profesionales”.

* Licenciada Carolina Guiguet, psicóloga.
- Plantearse un margen de tiempo para evaluar resultados. Este aspecto es generalmente el más olvidado y sin embargo es uno de los más relevantes. Es el que nos permite darnos cuenta si las acciones realizadas nos condujeron finalmente a un acercamiento de nuestro objetivo general; si la energía invertida fue la suficiente o fue en demasía, y a partir de lo cual podemos seguir generando nuevas estrategias.
Por otro lado, a mi criterio es el más relevante a nivel del impacto emocional. Cuando los logros se pueden medir, y hacerse evidentes nos sentimos estimulados a seguir apostando, creciendo e invirtiendo. Esto funciona como un propulsor sobre nuestra autoestima y confianza personal. Así que, si todo fue como esperaban o mejor, llegado ese momento no se olviden de celebrar.
Espero que les sea de ayuda, manos a la obra y ¡a crecer!



















