El último clásico, disputado a inicios de mayo, dejó una postal particular: hinchas de Colón y de Unión haciendo la previa en una misma calle del barrio El Pozo y alentando, cada uno, a su equipo. Desde ese momento, ese lugar tan icónico de Santa Fe adquirió una característica especial: es el lugar por excelencia donde conviven los Tatengues y Sabaleros más apasionados.

“No podemos pelearnos con ellos por esto que es fútbol”, decía un colonista aquel 9 de mayo. En un informe de Paso a Paso, por TyC Sports, un unionista sostenía que eso era un ejemplo para todo el país: “Nosotros acá en el barrio andamos los pibes de Unión y de Colón, nos criamos juntos. Esto no se ve en ningún lado. Quiero que todo Santa Fe tome esto de ejemplo”.

Los periodistas no salían de su asombro: “Qué lindo es ver a la gente de Colón y de Unión juntos”, decía Martín Souto.

Claro, la fiesta no iba a ser completa: iban a aparecer algunos hechos de violencia graves, pero aislados, que no deben empañar el gesto de la gente celebrando con sus banderas y sus camisetas, aunque sean de distintos colores. Ese día, la policía tuvo que intervenir por disturbios que se produjeron en El Pozo.

El Pozo es un lugar muy particular de Santa Fe. El origen del barrio se remonta a un paraje que pertenecía al Ferrocarril Francés. Pero su traza, tal como se la conoce hoy, se  comenzó a construir en 1973 para darle viviendas al personal de las fuerzas armadas. Para 1988 comenzaron a ser distribuidas. Por estar separado de la ciudad, en el barrio se respira un ambiente diferente, parecido al de una isla.

Y la costumbre de juntarse en un mismo lugar hinchas de Colón y de Unión, es única en la ciudad. Casi un mes antes, los Tatengues habían celebrado su cumpleaños y luego le tocó a los Sabaleros. Cada uno hizo su celebración en las calles con tranquilidad y cargadas al rival, como indica el folclore del fútbol.

Sobre ese tema volvieron los integrantes de la peña “El pozo es Tatengue”. “Es un barrio con mucha gente de Unión y de Colón pero nos conocemos y nos criamos juntos”, contaron en el programa Unión en tu dial, por FM SOL. Y agregaron: “Los días de partido es taza taza, cada uno por su lado, pero siempre con respeto”.

En un país con las costumbres tan distorsionadas y con un fútbol que, a veces, parece más una religión que un deporte, que haya normalidad asombra. Y lo de los vecinos de El Pozo es eso: un acto de cordura que configura un ejemplo para una sociedad enfermiza.

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