No es común que suceda en el fútbol. Un jugador visitante va saliendo de la cancha para entrar en el túnel y la hinchada local lo ovaciona. Sin embargo en una tarde atípica como la de este sábado podía suceder.

César Rigamonti, el arquero de Vélez, fue el principal perjudicado por las bombas que arrojó la barra brava de Colón, que fue al Cementerio de los Elefantes con el único objetivo de suspender el partido y lo logró. Al guardametas le explotaron tres bombas cerca y nunca se victimizó. Tardó en recuperarse, pero no dio muestras de pedir que lo suspendieran, a pesar de que estaba en su total derecho: el chico estaba solamente laburando y unos inadaptados le apuntaban con bombas de estruendo.

Por eso, cuando se suspendió el partido y los jugadores empezaron a ir hacia el vestuario, la hinchada sabalera le dedicó un extenso aplauso al arquero.

Tras la suspensión del partido, Vélez se quedó entrenándose en la cancha

“Esperemos que se erradique esta locura que hay en el fútbol, que le llaman folclore y no es nada de eso. Tendría que ser una fiesta para toda la gente que paga la entrada. Por tres o cuatro se empaña todo”, dijo Rigamonti a la televisión antes de irse del campo de juego. “Es inentendible, una vergüenza total. El árbitro es entendible la decisión que toma, porque él es responsable por lo que pasa. Nosotros siempre queremos jugar, pero esto es inaceptable.

En cuanto a su propia salud, el arquero velezano declaró: “Estoy bien, lo que pasa es que no te esperas que pasen estas cosas. Era un partido tranquilo y uno viene a dar lo mejor”.

Rigamonti se ganó el aplauso más sensato de una tarde donde faltó cordura. El hombre hizo lo que tenía que hacer, contra un puñado de inadaptados que hicieron todo lo contrario.