
Algo poco claro pasó en la Recoleta santafesina. Una mujer llegó a buscar su auto, que había dejado estacionado en Santiago del Estero al 2400 y se encontró con que su patente delantera no estaba. El “trapito”, un habitué de la cuadra, le contó una historia poco clara que en principio la mujer creyó. Pero después todo se caería cuando encontraron la patente entre las cosas del cuidacoches. ¿Qué sucedió?
El viernes llegó a la redacción de NexoDiario el testimonio de mujer, la cual se manifestó confundida. Las hipótesis son muchas: desde un intento de robo o secuestro, hasta la locura de un hombre que no está en sus cabales. Cualquier cosa pudo ser.
El relato de la señora indica que el jueves dejó su auto estacionado en Santiago del Estero al 2400 para hacer unos trámites. Al volver, minutos después, encontró que ya no tenía la chapa delantera. Fue en ese momento en que el “trapito” se le acercó y le dijo que una camioneta había chocado su auto, arrancándole la patente. Inclusive se ofreció a preguntarle a otros cuidacoches de la zona si no la habían juntado.
Al día siguiente, viernes 24, la señora volvió al lugar del supuesto accidente para preguntarle al “trapito” si había tenido novedades. Según lo que la mujer le contó a NexoDiario, el cuidacoches le manifiestó que un amigo suyo la había encontrado y que si la quería recuperar lo debía llevar hasta su casa, que quedaba a pocas cuadras.

El viaje se comenzó a alargar. La casa del supuesto amigo ya no estaba en la zona céntrica, sino en el barrio Las Flores. La mujer entendió que algo extraño sucedía.
Por eso, totalmente atemorizada, frenó el auto y le pidió al cuidacoches que se bajara. El hombre se negó un par de veces, pero ante la insistencia de la dueña del vehículo accedió.
La mujer no cesó en su intento. Horas después volvió a la calle Santiago del Estero, aunque esta vez junto a sus dos hijos. Al cruzarse con el mismo cuidacoches, este le dijo que no tenía la patente porque su amigo no se la había alcanzado todavía.
Uno de los jóvenes, enojado con la situación, le indicó que era imposible que sucediera lo que el “trapito” contaba. Era evidentemente que él la había sacado con un destornillador. Por eso comenzó a exigirle que se la devolviera.
Hubo discusiones y enojos cruzados. En un momento el cuidacoches se alejó del lugar y los hijos aprovecharon para revisar entre sus pertenencias: una mochila y muchos cartones. Efectivamente, allí estaba la chapa. Por eso los jóvenes llamaron a la policía, que nunca llegó al lugar.
Los vecinos del barrio aseguran que no es la primera cosa extraña que pasa con este personaje, ya conocido en la Recoleta santafesina. No pasó nada, apenas un susto. Pero todo podría haber terminado peor. En la cuadra todavía se preguntan qué quiso hacer el hombre: en cualquiera de los casos, es evidente que sus intenciones no eran buenas.



















