
Llovizna. Un socio quiere ingresar a la platea oeste con un paraguas, pero un policía se lo impide: “Tiene la punta de metal” le dice. Deberá dejarlo allí en la entrada y esperar que cuando termine el partido esté. “Yo no me hago responsable si no aparece”, le advierte el mismo policía. La intensidad del control lo sorprende. Aunque no estará acorde con lo que sucederá apenas cinco minutos después.
El partido entre Colón y Vélez arranca y ahí nomás cae la primera bomba frente al arco del visitante. Minutos después la segunda y luego la tercera y definitiva para que el partido se dé por suspendido. ¿Pero cómo hizo la barra para entrar con tantas bombas de estruendo? ¿Acaso hay un exhaustivo control para los socios y uno de menor calidad para la tribuna popular? La respuesta parece obvia.
El operativo policial de la tarde del sábado le costó al club santafesino 140 mil pesos y comprendió a 380 efectivos. Sin embargo no resultó para nada eficiente: no lograron sacarle las bombas a la barra a la entrada, ni neutralizarlos cuando el partido estaba en juego. Una pasividad absoluta.

“Las medidas de seguridad fueron muy tibias”, declaró el presidente de Colón, José Vignatti. Y completó: “Nosotros pagamos un alto y costoso operativo policial y nunca podemos decir qué hacer, lo deciden ellos. Ahora ni siquiera tuve la oportunidad de hablar con el jefe del operativo. Pasó tres veces por al lado mío y no me dirigió la palabra”, dijo tras la suspensión.
Los dirigentes de Colón confirmaron que el estadio fue revisado antes del partido. Por lo tanto, el control inicial falló porque las bombas vinieron de afuera. Finalmente triunfaron los violentos: pocas personas que lograron que muchísima gente volviera triste a su casa. Pensando que esta es una sociedad que no va a cambiar.























A las plateas no entran delincuentes, no sería mejor que de los 380 policías vayan 10 a la platea este, 10 a la platea oeste y 360 para controlar la entrada de la tribuna a la que entran los sin cabeza. Dejen de controlar viejitos, niños y familias en las plateas. No se hagan los boludos con los operativos. También saben donde viven los barras de uno u otro club para que la policía vaya a visitarlos y les digan te encontramos haciendo quilombo en la cancha y te venimos a buscar del forro del culo. La boludez no se termina porque no quieren.