
La historia ya tuvo un final. Y fue el propio Lionel Messi el que anunció que se irá a jugar al Inter de Miami, que sus días en las ligas de elite se terminaron. Para tomar esa determinación intervinieron muchos factores y diferentes actores: PSG, Barcelona, Al Hilal, Inter Miami y los clubes europeos que lo tentaron.
Para darle un sentido a esta novela que culminó con la bomba del año, hay que retrotraerse a los días más felices de Messi. A esas horas posteriores a la vuelta olímpica en Qatar, a la caravana por las calles de Lusail, a ese Lionel en estado puro arriba del micro, al rayo del sol, saludando a la manifestación más grande en la historia de la Argentina. Eran días pletóricos y con una decisión clara, comentada a sus íntimos, con respecto a su futuro: iba a renovar por un año más con PSG.
Todo estaba acordado. Jugar hasta el final de la temporada 23-24 en París. Solo faltaba la firma. Fue la época en que mejor lo trataron en Francia, cuando se sintió mimado y querido, en la previa del Mundial con un inicio de la 22-23 fabuloso. Pero a la vuelta de la Copa del Mundo, los resultados volvieron a ser esquivos, la firma se demoró demasiado, los detalles ya no eran detalles y la nueva eliminación en octavos de la Champions, ahora contra el Bayern Munich, fue el principio del fin.
La hostilidad y los silbidos de algunos franceses (sobre todo los Ultra) precipitaron el adiós. La renovación se desvaneció en abril, cuando Jorge Messi le dijo al mánager Luis Campos que seguramente no iban a continuar. Eran días fríos en París y conversaciones dulces con Xavi, el técnico del Barcelona. Charlas que empezaron a fines del 2022, pero que fueron creciendo en el 2023, así como corría el año, como se ponía todo más duro en la Ciudad Luz.
Cuando pensó fuerte en Barcelona
A Leo lo ilusionaba muchísimo volver al Barcelona. Lo habló con los suyos y fue algo que empezó pensar seriamente. Lo entusiasmaba tanto que volvía seguido a esa ciudad cuando tenía días libres. Pero conforme pasaba el tiempo, cuando todo se iba poniendo más áspero en el PSG y tuvo el punto más álgido con la suspensión (por haber faltado a un entrenamiento por un cambio de planes del día de práctica y haberse ido a Arabia Saudita), desde España no llegaron señales claras. Todo lo contario.
En Barcelona comenzó un juego mediático que enturbió el posible regreso. El “depende de Messi” en las conferencias de Xavi y en las apariciones públicas de Laporta fue un manoseo que al ídolo máximo culé no le cayó bien. Empezó a observar movimientos similares a los de agosto del 2021, cuando el club le mostró la puerta de salida porque no lo pudo inscribir por problemas con el Fair Play financiero.
Mientras los árabes le ofrecían 400 millones de euros por año y el Inter de Miami, de callado, le avisaba que el contrato estaba listo para cuando él quisiera, en Barcelona se hablaba del Plan de Viabilidad, de que si Messi llegaba debían ser vendidos varios jugadores, que otros tantos deberían bajarse el sueldo y a sus amigos de la época dorada (Jordi Alba y Busquets) los invitaban a retirarse. Era principio de mayo y Messi ya no vio el Last Dance tan claro.
El juego en los medios se hizo diario, se trasladó al minuto a minuto y ahí Messi tomó la decisión de que lo del Barcelona no iba a ser algo positivo, que otra vez él sería el centro de lo bueno y de lo malo. Fue el día después de salir campeón con el PSG, cuando todos aseguraban que volvería al Barsa, que sintió que no estaban las condiciones para regresar.
Se hablaba de su regreso, todos lo daban por hecho, pero el club no tenía las condiciones ni siquiera para ofrecerle un contrato. Y, encima, lo ponían a Messi como si de él dependía todo. Se dio el ruido mediático del lunes, el cara a cara de Jorge Messi con Joan Laporta. Fue la última oportunidad para ver si había algo concreto, garantías, pero en esa charla sincera entre su padre y el presidente las palabras no fueron las esperadas.
El lunes 5 por la noche de París determinó que no habría nueva estadía en Barcelona. Ya lo tenía casi abrochado y se convenció al 100%, algo que venía madurando y por eso negociando con los de Miami. Lo que le sucedió en el PSG y lo que vivió en el último tiempo con el Barsa también le sirvió para descartar las ofertas de equipos importantes de Europa, de dos ligas top en las que Leo no había jugado.
Olé






















