
fue el vuelo del milagro, con protagonistas que marcaron la diferencia.
Todos tenían un mismo objetivo: salvarle la vida a Matías, un chiquito de 8 años, que sufrió una insuficiencia respiratoria que ponía en peligro su vida. Fueron horas de nervios y de una carrera contra la muerte. Y ganaron.
Ante el pedido de auxilio, entre los pasajeros se ofrecieron una médica que era especialista en neumotórax, y otros dos médicos que realizaron prácticas de reanimación y se dieron cuenta de inmediato de la gravedad de la situación. El pequeño requería una inmediata atención en tierra. Sabía que no resistiría hasta Colombia, donde estaba prevista la escala.
“Les juro que el momento fue sumamente tenso. La médica estaba muy preocupada. Comúnmente son un poco más fríos, capaz debido a la profesión, pero la cara de preocupación era importante. Había otros médicos y ella preguntaba si todos apoyaban la decisión de bajar y pedirle al comandante para que él tomara la decisión final y lo que se iba hacer. Bajar en Bogotá era mucho tiempo”, contó Lorena Lecea, integrante de la tripulación y la que primero asistió la emergencia.
También, en diálogo con Clarín, Lecea reconoció que se vivieron minutos de extrema angustia hasta que la médica -cuya identidad no trascendió-, le pidió al comandante, el responsable del vuelo, que bajara cuanto antes para salvar al pequeño. Hughes decidió aterrizar en Viru Viru, en el aeropuerto más cercano, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
Antes del aterrizaje, Hughes declaró el vuelo en emergencia, contó la situación a la torre de control y pidió un operativo especial para que el pequeño recibiera atención médica urgente. Bajaron y lo llevaron en ambulancia a la Clínica Foianini, donde fue internado en terapia intensiva. De acuerdo con el informe que difundió Aerolíneas Argentinas, el chiquito ingresó a la clínica con una “insuficiencia respiratoria por una crisis obstructiva severa de tórax y cuello, sumado a un cuadro de angioedema que podía haber terminado en un cuadro de neumotórax”.
Matías iba a ser operado, pero luego de las primeras atenciones en el centro de salud de Bolivia, su situación clínica empezó a mejorar y su vida dejó de correr peligro. Continúa en terapia intensiva, según pudo saber Clarín de fuentes cercanas a su familia.



















