
Uno de los diputados de la Coalición Cívica entra a su despacho en el edifico anexo del Congreso. Es uno de los diez que firmaron el pedido de juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano. Han sido días de furia para su partido, que por primera vez se enfrentó con tenacidad al presidente Mauricio Macri y a Cambiemos tras la embestida de su líder, Elisa Carrió.
Se sienta en su oficina, toma agua e ignora el celular. Le llegan llamados de números que no tiene registrados. Periodistas de todo el país quieren hablar con ellos para que les cuenten el detrás de escena de la obra que puso en jaque a la coalición gobernante. Ya no quiere seguir hablando, está cansado.
Pero hay un llamado que lo saca de su letargo. En su Iphone se lee “Lela”. “Llama la reina madre”, dice con una sonrisa. Es la mamá de Carrió.
Preocupada por la salud de su hija, por el estrés galopante y por sus últimas declaraciones en las que habló hasta de la muerte, “doña Lela” decidió comunicarse con los colaboradores de extrema confianza de su hija para que le cuenten la verdad. “¿Cómo está ‘Lilita’?”, interroga.
Carrió es siempre una bomba a punto de estallar. Pero en esta oportunidad recortó la mecha y la sensación que dejó es la de haberse acercado peligrosamente al final. Caminó por la cornisa y en Cambiemos temieron lo peor.
El desencadenante del estallido sucedió el miércoles 3 de octubre, cuando Garavano declaró en la radio del periodista Roberto Navarro que “nunca es bueno para un país que un ex presidente esté detenido o se pida su detención”. Al enterarse de la frase del ministro, la diputada le pidió a una de sus colaboradoras que escribiera un mensaje de Twitter: “Estos dichos de Garavano son una vergüenza para la República y la división de poderes”, dijo. Y agregó: “Puede estar emparentado también con la impunidad de Menem en la Cámara de Casación. Si esto es así es pasible de juicio político”.
Faltaba un día para que se conociera el fallo que absolvería al ex presidente Carlos Menem de la causa por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia. Desde ese momento, no habría vuelta atrás.
La bronca de Carrió con Garavano no es nueva. La diputada la arrastra desde hace dos años. Sólo faltaba un desencadenante como los dichos del ministro para hacerla manifiesta. “Yo no quise instalar el tema, ni lo tenía en agenda. Ahora que se la aguanten”, sentenció la diputada puertas para adentro.
(Lea también: El fiscal Stornelli reconoció que lo usaron para frenar el caso Skanska y que es amigo de Angelici)
En el pedido de juicio político a Garavano mezcla lo que ella considera irregularidades en sus funciones y pasividad para dejar que Daniel Angelici, señalado por “Lilita” como un operador macrista en la Justicia, pueda seguir acumulando poder.
Carrió tensó la cuerda como nunca lo había hecho. No habla con Macri desde hace dos semanas, cuando tiró una bomba directo al corazón de la Casa Rosada. “Perdí la confianza en el Presidente”, aseguró. Macri la llamó tres veces y ella decidió no atenderlo. Hasta le puso plazo: “Tienen seis meses. Pido los cambios ahora, porque si lo hago en seis meses tenemos que romper”, les explicó a los interlocutores de Cambiemos que intentaban hacerla entrar en razones. ¿Qué pasará si en medio año, al borde de las PASO, todo sigue igual? Sólo ella sabe la respuesta.
Capitulación. Cuando el diputado Mario Negri supo que no había más alternativas, llamó a Carrió. La explosiva dirigente, cofundadora de Cambiemos, le había pegado un tiro en los pies a su coalición y no estaba dispuesta a aflojar. “Voy a presentar el juicio político contra el ministro Garavano, es uno de mis derechos como legisladora”, avisó.
Negri intentó negociar: “‘Lilita’, presentalo, pero sola. No nos pidas que te acompañemos”, le dijo el presidente del interbloque Cambiemos en la Cámara baja, uno de los preferidos de Carrió.
Con esa jugada, el dirigente radical consiguió un armisticio: no logró que la diputada dé marcha atrás, pero sí la convenció de que no iba a ser acompañada por ninguna firma de la UCR ni del PRO.
En el programa de Mirtha Legrand lanzó acusaciones contr Macri.
Finalmente el martes 16 a las 17.25 se presentó el proyecto final de juicio político en la mesa de entradas de la Cámara de Diputados. Está destinado al descanso eterno en una comisión que maneja Cambiemos y donde yacen plácidamente otros tantos pedidos.
Para Cambiemos, fue el punto final de un problema que no esperaban. “Siento tranquilidad de conciencia”, dijo “Lilita” tras ser informada de que el juicio político había ingresado. Y agregó: “Ahora la pelota está del lado de Macri, si se cansa me puede echar. Pero yo voy a esperar los cambios”. En el Gobierno confían en que sólo haya sido un berrinche y que el tiempo cure las heridas: dicen estar concentrados en la ley de Presupuesto y en el G20, que está a la vuelta de la esquina.
Pero quienes conocen a Carrió creen que no va a aflojar. “No actuó en caliente. Está tranquila. Hace mucho tiempo que dejó de confiar en el ministro de Justicia”, aseguraron en el entorno. De hecho Carrió lo confesó públicamente: “Yo no le hablo a Garavano hace dos años”, dijo en una entrevista en La Nación Más.
El motivo tiene nombre y apellido: la abogada Mariana Stilman.
Todo comenzó en una cena en la que participaron el ex senador y ex titular de la Unidad Fiscal AMIA Mario Cimadevilla y Carrió, en la casa de Mariana Zuvic. “Me quedé sin abogado querellante en en el juicio por encubrimiento. ¿Tenés a alguien para recomendarme?”, pidió el dirigente radical. Y la diputada le ofreció a su abogada de confianza.
Pero la cosa no salió como esperaban. Stilman asegura que nunca pudo trabajar con libertad: que recibió innumerables presiones de parte del ministro Garavano para que no acusara a los ex fiscales que estaban imputados por el encubrimiento. Carrió cree que esa defensa se debía a la amistad manifiesta entre Garavano y los ex funcionarios judiciales.
Marzo del 2017 fue el acabose. Según relata Cimadevilla, lo citaron a la ESMA para reunirse con el ministro. El ex titular de la Unidad Fiscal AMIA fue acompañado por Stilman, sin que Garavano supiera. Y cuando estaban esperando para verlo, el secretario privado del funcionario salió y le dijo: “¿Y? ¿Ya echaste a los abogados de la querella?”. La asesora jurídica de Carrió supo que no podía seguir en ese lugar. Y el nuevo letrado, José Console, terminó por pedir la absolución de los ex fiscales.
El destino llevó a Stilman de nuevo al despacho de Carrió, como su jefa de asesores. Y le dio una vuelta más a la intrincada historia: fue la encargada de redactar el pedido de juicio político a Garavano, el hombre que, según su denuncia, la empujó a renunciar.
Sería el primero y el más importante de los motivos que llevaría a Carrió a la enemistad con Garavano. Los otros argumentos del juicio político versan sobre las sospechas de manipulación en los concursos de jueces con la anuencia de Angelici y la contratación de la ex procuradora general María del Carmen Falbo.
· Fragmento de la nota publicada en Revista Noticias por el director de NexoDiario.


















