“No se ve nada”, cuenta un vecino de Colastiné que va a trabajar por la ruta 1 justo en el momento en que la lluvia cae con mayor intensidad. La visibilidad es escasa, casi nula. Ve los autos cuando lo sorprenden a pocos metros o tirados en la banquina con algún desperfecto: que no haya más accidentes en esas condiciones es un milagro, piensa.

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No es el único: todos los santafesinos que estaban en la calle después de las 8 de la mañana del miércoles 23 de enero vivieron la misma escena. Una fuerte tormenta se desarrolló en pocos minutos provocando el anegamiento de las calles de la capital provincial.

Las principales avenidas quedaron tapadas por agua, por la intensidad de la lluvia. El mismo panorama sucedió en el centro. Algunos automovilistas eligieron meterse en contramano en calles como Urquiza o Corrientes para evitar el agua. Pero ofendieron a los peatones que hacían malabares por mojarse lo menos posible: “Son desubicados, pasan rápido y no se fijan que hay gente en las veredas. Tuve que insultar a un par”, dice una vecina de la zona céntrica a quien la tormenta la agarró camino al trabajo.

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