Un nuevo hecho de violencia se produjo en el barrio Centenario y la hipótesis principal de la policía comienza a tomar fuerza: se trata de una pelea entre dos facciones de la barra de Colón. A los disparos que sufrió Orlando “Nano” Leiva, el jefe de la hinchada más violenta del Sabalero, ahora se suma el ataque a dos familiares, luego del partido entre el rojinegro y River de Uruguay.

Por la noche, ingresaron al hospital José María Cullen Alejandro Rodríguez y Mariana Gonzáles. Según el doctor Poletti, director del centro de salud, la mujer de 47 años tenía “heridas de armas blancas múltiples en ambas mamas y abdomen”, por eso requirió la intervención quirúrgica de urgencia. “Se le hizo tomografía y se la llevó a quirófano. Exploraron el abdomen y constataron que la lesión fue penetrante, aunque no lesionó órganos”, dijo el profesional.

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A su vez, entró Rodríguez, de 48 años y también familiar del jefe de la barra. “Ingresó un masculino con múltiples heridas de armas de fuego. Impactos de armas de fuego en muslo, brazo, mano, abdomen y cráneo. Pero todos fueron superficiales, salvo el brazo, que tiene orificio de entrada y salida y produjo una fractura. Además tiene raspones propios del forcejeo con quien lo agredió, porque cayeron por una escalera”, comentó en el parte Poletti. Un parte médico parecido a uno de guerra.

Sin embargo, el director del hospital encontró el lado positivo: “Dentro de todo, estamos hablando de una desgracia con suerte”.

Mientras tanto, Leiva se encuentra actualmente internado por una infección. Luego de haber recibido dos disparos, la última semana, ya había sido dado de alta, pero tuvo que volver a ingresar al mismo centro de salud. Para resguardar su integridad, los tres fueron internados en salas distintas. Por el momento no hay detenidos por el hecho.

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No hay un buen final a la vista en la interna de la barra de Colón. Las traiciones y los problemas de dinero son apenas dos de las causales de estas agresiones que se multiplicaron las últimas semanas. Y de las que todos los hinchas son testigos involuntarios. Mientras tanto, los líderes de las facciones dirimen a tiros quién maneja a la hinchada más violenta del Sabalero.