La noche del viernes se mezcló el miedo, la desesperación y la angustia en los vecinos del barrio residencial Bosque La Salle, en el kilómetro 1,5 de la ruta 1, en Colastiné. Por segunda vez en una semana vieron cómo, en una manzana donde todavía no se empezó a edificar, el fuego crecía entre los árboles. A pocos metros de sus casas.

Por eso, el miedo a que se propague hizo que llamaran a los bomberos. Sin embargo ninguna dotación llegó en toda la noche. Con trapos, un par de vecinos se animaron a apaciguar las llamas más bajas y así lograron que el fuego no se acercara a la calle.

Sin embargo, el núcleo del incendio ardía con demasiada intensidad como para animarse a enfrentarlo de ese método casero. Los bomberos nunca llegaron, por lo que los árboles y el pasto ardieron durante toda la noche.

A pocos metros de la última llama había un transformador de la EPE y casas. La suerte acompañó: el viento era leve y no arrastró a las llamas al otro lado de la calle de arena. Sin ese factor fortuito, el drama hubiese sido mayor.

A medianoche, la Policía se hizo presente en el lugar, para hablar con los vecinos que se habían acercado a apaciguar las llamas con trapos. Pero continuaron con su patrullaje de rutina: no tenían nada por hacer.

Como es la segunda vez que la misma manzana se prende fuego en menos de una semana, algunos vecinos sospechan de la intencionalidad. Un negocio inmobiliario o la mera intención de hacer daño. Pero pocos creen que el incendio pueda ser obra de la naturaleza.

En la cabeza de los vecinos de Bosque La Salle quedó resonando el hecho de que no haya habido viento. Porque la inacción de los bomberos, que fueron llamados con insistencia, los tiene asombrados. Sin esas condiciones meteorológicas, la suerte hubiese sido otra. Nadie puede ni quiere imaginarlo.