Que un árbitro sea el protagonista estelar de un partido es una pésima noticia por dos razones fundamentales: primero, porque quiere decir que seguramente cometió uno o varios errores; segundo, porque el resultado final fue empate o triunfo pobre de alguno de los equipos. Y Néstor Pitana fue la figura de la igualdad sin goles entre Colón y Unión: no observó dos penales tan grandes como el Cementerio de los Elefantes.
El VAR, que se estrenará la próxima fecha, lo hubiese salvado a Pitana. Quienes manejarán la tecnología en el fútbol argentino señalan que se aplicará para que los árbitros no se coman los “elefantes” que le pasan por adelante. Eso le sucedió al juez misionero de 46 años. Y todo sucedió en 60 segundos.
Leonardo Ramos, que le entró muy fuerte a Paolo Goltz, estaba amonestado y le metió un durísimo planchazo a Goltz. El delantero fue luego reemplazado. Un arbitraje para el olvido. 
Al minuto 5 del complemento, Facundo Garcés tomó groseramente de la camiseta a Franco Calderón con Pitana a menos de dos metros, queda la duda si la falta es adentro o afuera, pero es insólito que ni si quiere haya sancionado falta. Siga, siga. Luego, en la jugada siguiente, Pulga Rodríguez enganchó dentro del área, Polenta fue al piso, pasó de largo y metió la mano. Siga, siga. Sí, dos penalazos.

El partido, en tanto, fue parejo. Tal vez Colón mereció mejor suerte porque fue quien más lo buscó. El local tuvo un par de situaciones claras, pero en todas respondió de gran manera el arquero uruguayo Santiago Mele. La mejor fue un mano a mano ante Lucas Beltrán. Y sobre el final, le ganó en una corrida a Wanchope Abila, que ingresó en la segunda parte junto a Facundo Farías.
Y por si quedaba alguna duda, en la última Mele le ahogó el grito a Wanchope tras un cabezazo a quemarropa. Es cierto que el línea marcó posición adelantada. Pero bien vale cerrar el comentario con esa atajada.
























