Fue una sesión maratónica marcada más por las señales que por la cuestión de fondo. Hubo mucho circo, por momentos patético. La Cámara de Diputados sesionó por 17 horas y le dio media sanción al Presupuesto 2019: hubo 138 votos a favor, 103 en contra y 8 abstenciones, amén de los 7 ausentes. Ahora la norma llegará al Senado donde el Gobierno espera su aprobación final.

Para Cambiemos fue una victoria política, porque debía aprobar la “ley de leyes” y logró el primer paso. A pesar de que la sesión estuvo a punto de suspenderse por los actos de agresión que sucedieron afuera del Congreso y que tuvieron su réplica adentro. La oposición pedía la suspensión de la sesión. Eso hubiese significado otra derrota para el Gobierno, pero no sucedió.

El presidente Mauricio Macri necesitaba la media sanción antes del viernes, cuando el Fondo Monetario Internacional dará la aprobación final al nuevo acuerdo firmado con la Argentina. La otra meta del Ejecutivo es obtener la sanción final antes del 30 de noviembre, cuando comenzará el G20. Son optimistas, ya que consideran que vienen negociando en tándem con el Senado y el apoyo de Miguel Ángel Pichetto es clave para que el bloque de peronistas que responden a los gobernadores acompañen.

El momento álgido sucedió a las 15 del miércoles, cuando Leonardo Grosso y la santafesina Lucila de Ponti, del Movimiento Evita, irrumpieron en el debate para pedir que se frenara por los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, que se habían desatado casi media hora antes. No faltaron gritos, insultos y empujones entre los legisladores.

Ante la negativa del diputado Luis Pastori de ceder la palabra para que el Frente para la Victoria hiciera una interrupción y pedir que se levantara la sesión, el clima se tensó con los principales referentes de Cambiemos: Emilio Monzó y Nicolás Massot. Al primero lo abordaron en su escritorio, mostrándole videos y fotos de la gente herida y detenida. Quiso dos veces ordenar al cuerpo, pero fue imposible y debió llamar dos veces a un cuarto intermedio, según describió Infobae.

Por su parte, el presidente del PRO tuvo un enfrentamiento con los kirchneristas Leopoldo Moreau y Daniel Filmus. En la vorágine de insultos, Moreau le espetó a Massot una relación entre la “represión de la calle” y su familia, lo que el hombre de Cambiemos no soportó. Luego no está claro lo que sucedió. Desde el FpV afirmaron que Massot “lo invitó afuera a pelear” a Moreau, pero el diputado negó que haya existido tal ofrecimiento. El “careo” con Filmus ocurrió cuando el ex ministro quiso defender a Moreau. Ambos debieron ser separados por sus compañeros de bloque.

La clave para enfriar el momento más caliente fue el rápido accionar de Monzó, quien convocó al secretario de Seguridad porteño, Mauricio D’Alessandro, para que explicara el operativo y garantizara que todo iba a transcurrir con normalidad. En un reunión con los jefes de bloque, en donde el FpV, el Evita y la Izquierda insistieron con la suspensión, finalmente prosperó la postura de Cambiemos, apoyada en silencio por Argentina Federal, y el debate se reanudó.

A partir de entonces, la orden del día transitó con normalidad: “El susto ya pasó”, resumieron que fue la sensación en Cambiemos. La llegada de Rogelio Frigerio al Congreso también trajo tranquilidad. El ministro del Interior fue a monitorear que los acuerdos cerrados se cumplieran y fueran efectivos: “Hace cinco meses que estamos trabajando en esto”, describió, resaltando el esfuerzo, un hombre que compartió la vigilia.

Luego quedó lugar sólo para las chicanas. En un momento diputados de la oposición se levantaron para tender una bandera de los Estados Unidos en la mesa central del recinto y le repartieron banderitas del mismo país a los diputados de Cambiemos. También “sentaron” a una Christine Lagarde, titular del FMI, que había traído Victoria Donda.

Las roturas en la plaza fueron menores a las de diciembre. Pero otra vez tendrán un costo para el Municipio, que calculan en unos 10 mil dólares de arreglos.