Por el doctor Miguel Ángel Bravo

Desde tiempos remotos, las sociedades que poblaron este planeta, tuvieron como instrumentos fundamentales en su afán de sobrevivir a través del paso del tiempo a la educación y la salud.
El aporte ilimitado de conocimientos, junto al estímulo continuo de generar diversos métodos de raciocinio, fueron las obsesiones de los grandes pensadores de todas las épocas. Además, el mero hecho de “sentirse bien” tanto anímica como físicamente abría las posibilidades para que se cumplieran los sueños de gobernantes y gobernados.
Nuestro país en su corta historia, aportó grandes personalidades en el plano de la Salud Pública, los cuales consideraron a la criatura humana como un “ser concreto y cualitativo”, con sus angustias, sus alegrías, sus frustraciones, sus preocupaciones éticas, estéticas y gnoseológicas, conviviendo en un marco social.
Como verdadero hombre de ciencia, reconocido mundialmente por sus notables aportes a la humanidad, cabe destacar a Cesar Milstein, aquel joven bahiense que tuvo que emigrar a tierras extrañas luego del golpe militar de 1962.

Tiempo después, este “cerebro prodigio” recibió el galardón más preciado, el premio Nobel obtenido en 1984, gracias a su irrelevante labor en la Universidad de Cambridge. (Inglaterra).
Los rasgos manifiestos de Humanismo, expresados a través de cada uno de sus actos tuvieron al médico esperancino Esteban Laureano Maradona como un verdadero apóstol de las ciencias médicas. Por obra del azar recaló en lo más hondo y hostil de la selva formoseña, luchando en soledad, en silencio, anónimamente, amando, curando, y salvando vidas, “brindándose desinteresadamente por su hermano, por su semejante”.
En las últimas décadas del siglo XX, el cardiólogo René Gerónimo Favaloro se destacó como genuino representante de la codiciada “materia gris argentina”. De médico rural en un humilde pueblo pampeano en sus comienzos, al genial creador de una técnica (by pass) para mejorar el funcionamiento de los corazones severamente dañados, permitiendo que miles y miles de seres humanos en el mundo pudieran seguir viviendo gracias a esta magnífica proeza creativa.

Su obra como hombre de ciencia y humanista, traspasó nuestras fronteras, realzando el prestigio de la medicina argentina.
Lamentablemente nuestro país se caracteriza por ignorar a figuras de la magnitud de Milstein, Maradona o Favaloro y de numerosos anónimos brillantes que han tenido que dejar su terruño, en busca de otros territorios que le brinden las posibilidades para desarrollar su verdadero potencial.
Estos modelos dignos de imitar nos llevan a reflexionar sobre la trágica confusión de valores que reina en la sociedad argentina y a buscar indefectiblemente los caminos adecuados que nos conduzcan a conformar y consolidar un país en el cual todos sus habitantes puedan gozar de un auténtico “Estado de bienestar físico, psíquico y social”.



















