
A diferencia de las leyendas que acostumbran a rodearnos, esta es más novel de lo que se cree. Es del último siglo. Y no nació en el lugar donde se hizo popular, en París, sino en Roma, en el Puente Milvio, donde los enamorados ponen candados en las farolas.
Pero fue en la capital francesa donde se hizo popular. El Pont des Arts, que atraviesa el río Sena, se plagó de candados que simbolizan el amor eterno de las parejas que lo colocan. Tantos fueron los atrapados por el amor y deseosos de que no se terminen nunca sus relaciones, que convirtieron al enrejado de ese célebre puente en un gran rectángulo dorado.

Poco tiempo después, esa tradición comenzó a expandirse por el mundo. Y no iba a tardar en llegar a Santa Fe: según un relajamiento de la radio Aire de Santa Fe, ya son más de 40 parejas las que copiaron la tradición francesa y se juraron amor eterno colocando su candado en algún lugar del Puente Colgante, la emblemática obra arquitectónica de la ciudad.
Si siguen la tradición, una vez que el candado se cierra, la llave debe ser arrojada al fondo del río, en este caso, a lo más profundo de la Laguna Setúbal. Es esa la manera de demostrar que lo que se quiere junto a su pareja es un amor eterno.




















