Según la Cámara Argentina de Productores de Dulce de Leche y Afines, los argentinos son los principales consumidores de esta “exquisitez, que no falta en ninguna mesa” y que disfrutan “todos por igual”, tanto chicos como adultos de cualquier edad.
El dulce de leche, un clásico ingrediente de la repostería nacional, celebrará su día aunque los productores se quedaron con las ganas de un gran festejo en torno al Obelisco porteño, pues las actividades por los Juegos Olímpicos de la Juventud no dieron tiempo a la organización.
“Para el año próximo esperamos poder acordar con la Ciudad una fiesta en la que nos gustaría iluminar especialmente el Obelisco y también sumar a Cocineros Argentinos”, anticipó a Télam una fuente de la Cámara Argentina de Productores de Dulce de Leche y Afines (Capdlya).
“Lo podemos saborear en caramelos, bombones rellenos, chocolates, arrolladitos, con flanes, con budín de pan, con churros, con facturas, en cañoncitos, bombitas, merengues, tortas, helados, panqueques y en los infaltables alfajores, con unas tostadas” y también “de a cucharadas”, resumieron en un comunicado.
La Capdyla señaló que este dulce es elaborado “leches de vacas Holando y Jersey y también de ovejas, cabras y búfalas, y que se presenta en sus variedades tradicional, familiar, repostero, heladero y alfajorero.
Aunque el dulce de leche es considerado como un invento argentino, se lo puede encontrar en otros países, entre los cuales varios también se atribuyen el mérito.
El producto es conocido como doce de leite en países de habla portuguesa; milk sweet en inglés; confiture de lait en francés; fanguito en Cuba; cajeta en México -tienen una variedad específica de Celaya que combina leche de cabra, azúcar morena y canela- y radaby en India, de donde pasó luego a los países árabes.
Un poco de historia
El origen del dulce de leche, como tantas otras creaciones, siempre ha sido objeto de disputa entre latinoaméricanos, en este caso por argentinos y uruguayos.
La historia cuenta que en el año 1829, en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, en la estancia de Juan Manuel de Rosas, caudillo federal, se iba a celebrar una reunión muy importante para detener la guerra civil en el país, con el general Juan Lavalle, su enemigo político.
Lavalle llegó antes a la reunión, se recostó en la cama de Rosas y, por el cansancio, cayó rendido. La criada de Rosas, mientras hervía leche con azúcar (la lechada) para acompañar el mate de la tarde, se encontró con Lavalle durmiendo sobre el catre de su patrón. Ella lo consideró una insolencia y fue a dar aviso a los guardias.
En eso llegó Rosas, que disculpó a Lavalle y pidió su mate con leche a la criada. Ella recordó que la leche con azúcar seguía hirviendo, y salió corriendo a apagarla. Al hacerlo, notó que la leche tenía ahora una consistencia oscura y espesa de color marrón. Dicen que Rosas la probó y le encantó su sabor, y que enseguida compartió el improvisado manjar con Lavalle, mientras discutían los puntos del famoso Pacto de Cañuelas.




















