Los científicos todavía no saben qué está sucediendo en la Antártida. En septiembre se encontraron con una sorpresa: un agujero gigante en pleno continente blanco. Las imágenes de la NASA revelaron un mar en el corazón del hielo, que tiene el mismo tamaño que la superficie de Panamá.
Los especialistas denominan “polinias” a estas zonas de aguas abiertas, rodeadas de hielo. Pero la aparición se suele dar en las regiones costeras y no en lo profundo del casquete polar. Es por eso que el suceso desconcertó a los expertos, que están liderando una exhaustiva investigación para descubrir la causa.
“Parece que alguien acaba de hacer un agujero en el hielo que se ubica a cientos kilómetros de la orilla”, explicó Kent Moore, físico atmosférico de la Universidad de Toronto, al medio Vice. “Si no tuviéramos un satélite, no sabríamos que está allí”, agregó. Aunque las primeras sospechas sostienen que el cambio climático podría ser uno de los causantes, el científico opinó que es una conjetura “prematura”.
“En comparación con 40 años atrás, hoy tenemos a nuestra disposición una cantidad increíble de información”, explicó el científico, quien encabeza junto con varios colaboradores universitarios, en la sede de la Universidad de Princeton, una investigación para resolver el misterio. Según Moore, una polinia similar fue descubierta en la zona del mar de Weddell -en la Antártida- en 1970, pero no se pudo obtener mucha información debido a las pocas herramientas disponibles.
No es la primera vez que algo misterioso ocurre en la Antártida. En julio pasado, los científicos fueron testigos un inmenso bloque de hielo se desprendió por el agua. Con un tamaño 25 veces mayor que la ciudad de Buenos Aires, el témpano de 5800 kilómetros cuadrados se convirtió en un peligro para los barcos que navegaban en la zona.
Adrian Luckman, un profesor de la Universidad de Swansea que siguió esta zona durante años, resaltó que es “probable que se desintegre en fragmentos”. Aunque no hay muchas certezas, el especialista alertó que podría permanecer en la Antártida durante décadas, aunque parte del iceberg podría quedar a la deriva y acercarse a zonas más templadas.



















