El gran negociador, el dealmaker, ha sufrido de la mano de su propio partido la mayor humillación de su corta presidencia. Su reforma sanitaria ha sido retirada después de que su votación en la Cámara de Representantes fuera suspendida ante la certeza de que no iba a lograr la mayoría suficiente. Los halcones del Freedom Caucus, 36 indomables herederos del Tea Party, fueron los responsables del rechazo e hicieron sentir al multimillonario el verdadero precio de la política.

La mayoría de los medios coincidieron en que la derrota es de Trump. Él había asumido el liderazgo de la batalla y él, pese a contar con mayoría en la Cámara de Representantes, ha sido incapaz de torcer la mano a sus correligionarios más radicales. Se reunió con ellos y les ofreció cesiones de enorme calado, incluida la eliminación de prestaciones sanitarias básicas. Pero no pudo convencerlos. Y cuando en un gesto de fuerza decidió lanzarles el pulso y adelantar la votación, perdió.

“Viviremos con el Obamacare en un futuro próximo. No tenemos suficientes apoyos y hemos fallado, nos faltaban entre 10 y 15 votos, pero no es el fin de la historia, quedan muchos proyectos por delante”, señaló el líder republicano en la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

El proyecto apadrinado por Trump se define por eliminar la obligatoriedad del seguro médico, congelar el programa para los más desfavorecidos y poner fin al aparato impositivo que nutre la red asistencial. La deconstrucción del Obamacare es profunda pero no completa. Sigue prohibiendo a las aseguradoras rechazar a un paciente con enfermedades previas y da plazos para desmantelar la obra de su antecesor. El resultado es un proyecto híbrido que no ha logrado satisfacer a los miembros más radicales del partido republicano.

Semas atrás la Oficina Presupuestaria del Congreso, un organismo no partidista y cuyos estudios gozan de reconocimiento general, ha establecido que la aplicación del plan republicano supone dejar sin seguro médico a 14 millones de personas el año próximo y 24 millones en una década, lo que elevaría la población sin cobertura a 52 millones. Estas observaciones han sido desmentidas por la Casa Blanca, que ha tomado como única referencia del estudio el ahorro que implica su proyecto: 150.000 millones de dólares en una década.

Para los radicales nada de esto vale. Su obsesión es que se abaraten los seguros médicos y se reduzca el peso estatal en la vida civil. Con este fin exigieron que se eliminase del proyecto las denominadas prestaciones sanitarias esenciales incluidas por ley en las pólizas y que comprenden la medicina preventiva, la atención de urgencias, la estancia hospitalaria, los cuidados mentales y la maternidad.

El intento final de conciliar ambos intereses no dio resultado. Con la Cámara de Representantes a punto de votar, el presidente ordenó retirar la propuesta y llamó a varios periodistas para contárselo. “Me siento decepcionado y sorprendido”, dijo Trump. Había fracasado.