Por Santiago Chemes*

Tomás Carlovich fue el antihéroe perfecto, el crack que pudo ser pero no quiso. Si yo fuese Maradona viviría como él, canta Manu Chao. Pero si vos fueras el Trinche ¿vivirías como él? Un artista indomable, un genio del auto boicot. Jugó mejor que nadie. Se podría decir que cada día juega mejor incluso, o sobre todo, después de haberse retirado.

Por supuesto nunca vi jugar a Carlovich. En el 86, cuando yo nací él estaba jugando los últimos partidos de su carrera. Aunque tuvo un paso por Santa Fe para jugar en Colón (apenas 3 partidos), mi viejo no tiene recuerdos de haberlo visto.

Me encontré con su leyenda hace algunos años cuando era un lector frecuente de La Redó! (disclaimer: LR! fue una página espectacular que, como supongo habrá pasado con muchos foros, fue apagándose con la llegada de twitter hasta su cierre definitivo) y En una Baldosa. Un jugador distinto, mejor que todos los de su época pero que nunca jugó en primera. La historia de tantos otros. Siempre el que no llegó era realmente el mejor. Si hasta decían que Diego no era el mejor de los hermanos Maradona. Pero en este caso había algo más, algo que hacía sospechar que realmente Carlovich fue un fuera de serie. Su leyenda, muy sólida en el relato de quienes lo vieron jugar pero casi sin respaldo fotográfico y mucho menos en video, traspasó todo tiempo y fronteras.

Jugó unos partidos en Central pero lo dejaron libre por su poco apego al entrenamiento. El solo quería jugar. Dicen que salía y que tomaba pero él jura que nunca fue a un boliche. Menotti cuenta que lo citó a un preseleccionado pero faltó por irse a pescar pero él cuenta que no fue hasta bien entrada su adultez que conoció la pesca de la mano de su yerno. En todo caso el Trinche responde “no me acuerdo pero mirá si no voy a ir a la Selección”.

Uno nunca sabe si lo que dice es real o si inventa algunas cosas. Se puede concluir, eso sí, que él mismo disfruta de su mito y de ese halo misterioso que sobrevuela sobre su carrera.

Carlovich hizo su carrera en Centra Córdoba de Rosario y tuvo su noche consagratoria jugando para un combinado de Rosario cuando enfrentaron al Seleccionado Nacional y le pegaron un baile de novela y él fue la gran figura.

“Esta noche juega el Trinche”, se decía, y lo iban a ver hinchas de todos lados. Pekerman viajaba cada vez que podía para verlo y Bielsa no se perdía ninguna función.

Tan bueno que pudo haber jugado en Francia o en Cosmos de Estados Unidos. Ni él sabe por qué no se dieron esos pases pero ante la consulta de si es cierto que Pelé le cerró las puertas del Cosmos porque no quería que haya nadie que le haga sombra, él dice “quizás” y se encoge de hombros.

Hoy se fue para siempre luego de sufrir un violento asalto. Le robaron la bicicleta y lo dejaron agonizando. Una postal tan triste que duele.

El Trinche murió y muchos, muchos más de los que vieron jugar, lo recuerdan. Su vida fue una metáfora universal porque todos podemos sentirnos identificados con ella. El jugador que pudo y no quiso. O que quizás en algún momento quiso pero ya era tarde. El hombre que estuvo a un centímetro de la gloria pero sus propias decisiones lo alejaron.

Quedará para siempre la duda si fue feliz con lo que hizo, que es lo que realmente importa o si sintió que desaprovechó su don. Nadie se lo preguntó, al menos públicamente, y ya nadie podrá hacerlo.

Mataron al Trinche Carlovich.

*Santiago Chemes es periodista, productor y asesor político.