Los kioskos de todo el país atraviesan problemas de desabastecimiento en uno de los productos que más ingresos genera, el cigarrillo. Los dos principales fabricantes, British American Tobacco y Massalin Particulares, pidieron exceptuar la actividad de la cuarentena ya que anticiparon la falta de stock.

En una carta ya alertaban sobre “faltantes de productos en distintos puntos de la cadena comercial”. La situación para los kioscos es más dramática ya que “el cigarrillo representa en promedio el 35 por ciento de la facturación”, dijo Adrián Palacios, titular de la UKRA, la principal cámara sectorial.
En Santa Fe, las marcas más compradas por los fumadores ya son una falta constante por más que uno recorra la ciudad. Marlboro, Philip Morris, Chesterfield, Rothmans, Camel y Lucky Strike, que concentran alrededor del 70 por ciento del mercado, hoy son casi imposibles de conseguir.
Las tabacaleras coinciden en que casi no tienen productos y que lo poco que hay se distribuye en cuentagotas entre los distribuidores y mayoristas. “La parte productiva está parada desde el 20 de marzo. La escasa mercadería que tenemos se está racionando por combos de marcas. Porque también tenemos problemas logísticos para distribuir por la menor cantidad de empleados”, señalaron desde British American Tobacco.
La empresa tiene paralizada su planta de Pilar (con sus 300 trabajadores en cuarentena). Y vienen reclamando por su reapertura a todas las instancias de gobierno: intendencia, gobernación y Nación. Por ahora, sin respuesta.
Palacios, de la UKRA, estimó que, sin cigarrillos,en el corto plazo podrían quebrar alrededor de 10.000 quioscos, lo que representa el 10% del total del país. “Es el producto de mayor rentabilidad y, además, impulsa las ventas de otros artículos”, se lamentó el directivo. Según el Ministerio de Agroindustria, en 2019 se despacharon 1.658 millones de atados de 20 unidades, por un valor de $ 135.101 millones.
Las protestas de los fumadores vienen en aumento, principalmente por las redes sociales. Primero fueron las quejas por la falta de las marcas en sus formatos con mayor demanda, pero el malhumor se extiende porque se van terminando también las versiones alternativas.



















