El 17 de septiembre de 2019, un delincuente ingresó a una fiambrería y quesería ubicada en calle Urquiza al 2200, amenazó con un arma a una empleada y allí es cuando Julio, hijo de los dueños y que trabajaba en el negocio familiar, intercedió.

Un disparo le dio de lleno en el pecho y le causó la muerte horas más tardes en el Hospital Cullen. Su muerte conmovió a todo Santa Fe y una gran cantidad de personas se congregaron en una emotiva marcha que termino con el pedido de justicia frente a Casa de Gobierno.

El responsable no llegó a robar nada y se dio rápidamente a la fuga. Luego de varios días de intensa búsqueda fue detenido. Se llama Juan Cruz Gamibini, y desde el su detención se negó a declarar en dos ocasiones, y en la tercera aseguró no ser el responsable del crimen.

Hoy, un año más tarde, María Inés Masino, mamá de Julio escribió una sentida carta en la que recuerda a su hijo y habla de sus sentimientos.

CARTA DE MARÍA INÉS MASINO, MAMÁ DE JULIO

La prueba más dura que me tocó superar este año fue el silencio: tu silencio.

En marzo habíamos vuelto a conectar…a tener charlas interminables que ya no están. También había aceptado que eras feliz haciendo lo que hacías: ayudando al proyecto familiar para poder tomarte una birra los fines de semana en algún “reci” con tus amigos. No querías ser psicólogo, pero lo fuiste… Ayudaste a muchos de tus amigos a enfrentarse con sus miedos y a tomar decisiones importantes. Muchos de ellos pasaron todo este año durísimo acompañando mi tristeza. A algunos de ellos apenas los conocía, pero ellos se acercaron y debo decir que me están “salvando”.

Tam me invitó a escribir. Acá estoy. No creo llegar ni cerca de tu talento, pero lo intento.

El 2015 entre el accidente y la partida de Josefina a vivir a Francia había sido un año terrible. Obvio que si algo sale mal, seguro puede ser peor…y lo fue.

Año 2019, un 17 de septiembre. El día que te íbamos a dar la alegría de sacarte de encima a tus viejos y poder tener tu depto, la muerte se cruzó en tu camino. A mediodía, cuando tendríamos que haber estado celebrando tu independencia, estábamos en el Hospital esperando el milagro que no sucedió.

Seguramente quisiste explicarle al pibe que entró a robar que lo pensara, que eras un laburante, que nunca bajabas los brazos a pesar de las dificultades. Jamás entenderé por qué las cosas sucedieron así.

Después, el aturdimiento que producen los silencios.

Funcioné en piloto automático desde ese día, ya hace un año.

Alegre. Tranquilo. Pacificador. Pensante. Cuestionador. Rebelde. Sonriente. Sincero. Justo. Reflexivo. Creativo. Siempre con una palabra de aliento, con una poesía, una guitarra, y, por supuesto, una cerveza y un pucho.

No le pedías nada más a la vida. Te alcanzaba con poco para ser feliz. Alguna vez me dijiste que tenías mucho más de lo que necesitabas. Me costó entenderte y me cuesta más ahora. Espero el “AY! Mamá!!!”, lo extraño horrores.

Dicen que el tiempo ayuda. Creo que no lo creo. Siento tu ausencia profundamente. Miro tus fotos siempre mirándome. Resulta tan fuerte no poder abrazarte.

Lo más importante que hice este año sin vos es aprender que no puedo hacerlo.