Nahir Galarza, la joven condenada a prisión perpetua por el crimen de su novio (Fernando Pastorizzo), fue trasladada esta mañana a una cárcel común en la ciudad de Paraná. Pero, antes del traslado, realizó un último pedido y le fue concedido: conservar su colchón.

Su colchón viajó envuelto en una bolsa de consorcio en el mismo patrullero que la trasladó a ella desde la Comisaría del Menor y la Mujer, donde estuvo detenida desde el 2 de enero.
Sus abogados querían que fuera alojada en una cárcel modelo con granja, con dormitorios en lugar de pabellones y cerca de su familia, como lo había estado hasta ahora. Pero lo cierto es que el fallo de la justicia no contempló sus peticiones.
Las autoridades dispusieron que la joven fuera alojada en una celda con supervisión permanente y que la compartiera con otras tres detenidas de perfiles no violentos, procesadas por causas relacionadas con el narcotráfico. El fantasma que todavía sobrevuela en el nuevo lugar de encierrro es un posible cruce con la viuda de Claudio Cañete, el narco asesinado por el padre policía de la chica, Marcelo Galarza.


















