
Mientras en algunos sectores la economía empieza a enderezarse, en otros se va formando un cóctel explosivo de factores que destruyen la competitividad: eso es lo que le sucede a los productores avícolas. La competencia informal (muy importante en el sector), la falta de exportaciones y, la frutilla de la torta, la presión fiscal, hacen que en vez de salir de la crisis, en estas empresas se sigan dando pasos en falso en un lodo de dudas.
“Mientras la carne roja paga 10,5% de impuestos, lo mismo que algunos lácteos, el pollo paga el 21%. Es una competencia desleal”, cuenta uno de los empresarios santafesinos más importantes del rubro. Desde esa base, le restan valor a una de las principales virtudes del pollo que es la diferencia de precio con la carne roja. Hubo proyectos de ley para igualar en condiciones a estos alimentos, pero naufragan en los cajones del Congreso mientras los productores hacen un esfuerzo extra por mantenerse a flote. “Mientras tanto perdimos plata a rolete”, agrega.
El resto de los condimentos de una bomba a punto de estallar tiene que ver con cuestiones comunes a otros sectores: el precio del dólar y, principalmente la excesiva informalidad. “Mientras algunos cumplimos con todas las cuestiones legales, otros ahorran en ese aspecto”, aduce un productor.
El avícola es un mercado que, bien acompañado, podría andar sobre ruedas: nada de lo que sale de un pollo se desaprovecha. Además de la carne, se usan las garras (para hacer harina), las víceras y el corazón, que se exporta y en otras sociedades se acostumbra a comer.
Pero la poca anuencia oficial los mantiene en jaque constantemente. Durante el kirchnerismo debieron sufrir la falta de pago de las compensaciones: ese invento para mantener bajo el precio del kilo en el que el público pagaba en góndola un valor y el Gobierno le prometía al productor pagarle el resto (esa deuda se saldaba siempre fuera de término y de manera caprichosa, de acuerdo a la voluntad del funcionario).
Pero tras esos vaivenes y momentos difíciles, que también le tocó sufrir a muchos otros sectores productivos, apostaban a que en el gobierno macrista la cuestión cambiara. Por ahora la deuda continúa.

















