Por Santiago Chemes.

Hace unos días, este tuit que se adjunta abajo circuló por mi TimeLine y me quedó dando vueltas en la cabeza por algunas cuestiones. Para darle contexto, a la declaración de Victoria y al siguiente texto, hay que mencionar que en estos días estamos siendo testigos de dos juicios que conmueven a la opinión pública por los hechos violentos que allí se juzgan. A saber: los asesinatos de Fernando Baez Sosa y de Lucio Dupuy. El primero de ellos, a manos de un grupo de personas ocurrido a la salida de un boliche en Villa Gesell en 2020. El segundo, el de un niño de 4 años, cometido por su madre y su novia.

También es digno de destacar, el tratamiento que los medios le están dando a cada uno de los procesos judiciales. Por un lado, el caso de Fernando Baez Sosa lleva prácticamente un mes en “cadena nacional” al menos 12 horas al día. El hecho se conoce como “el juicio a los rugbiers” ya que los asesinos -algunos o todos, eso ya no importa- practicaban o habían practicado el deporte en un club de Zárate al momento del suceso.

En el otro extremo, el juicio a la madre y la pareja de Lucio tiene una cobertura muy baja (casi nula) por parte de los medios. La corriente va, en este caso, al revés: parece que la presión de las audiencias (a través de las redes) hizo que de a poco se le den minutos a este hecho.

Lo de los “hombres de paja” que le da título a la nota viene a cuento de las repercusiones que tuvo -y tiene- cada uno de los casos en cuestión aunque actúan de manera inversa en cada uno.

En el caso de Baez Sosa la construcción de los acusados es la de un grupo de jugadores de rugby (con todos los prejuicios que ello implica: elitistas, violentos, chetos y odiadores de pobres). Esta caracterización lleva años, cada vez que un jugador o ex jugador de rugby queda involucrado en un hecho violento en seguida se destaca eso. Algo que no pasa con ningún otro deporte. Hay, por supuesto, razones profundas para que eso suceda que tienen raíces sociológicas aunque hay una más simple: el rating. Darle el mote de rugbiers (que se asocia inmediata y falsamente a la clase alta) alimenta el show.

En el otro extremo, la poca visibilidad en los medios del caso Dupuy alimenta la construcción de otro hombre de paja que es más o menos así: no se habla de esto por el sesgo feminista que hay en los medios ya que al hacerlo, se lesionarían los principios de esta corriente.

Ahora sí, volviendo al tuit que ilustra la nota. Lo primero que pensé cuando leí la publicación de Victoria (a quien comencé a seguir desde su activismo contra el cierre de los colegios) fue que si en el punto 1 le cambias “El Feminismo” por “El rugby”, sirve para los dos casos en cuestión. Podríamos preguntarnos por qué ella se cuestiona una cosa y no la otra aunque diríamos que no tiene por qué hacerlo. Al fin y al cabo es su cuenta personal y en ella cada uno aborda los temas que le interesan.

Ni el rugby ni el feminismo son culpables de los asesinatos que hoy están siendo juzgados. Eso lo sabe cualquiera que piense con buena fe. El tratamiento de los medios, por otro lado, sí puede estar cruzado por estos “hombres de paja”. Hay tantos prejuicios, tanta falso progresismo y tantos miedos a quedar mal con los “bienpensantes” en aquellos que arman los contenidos en los medios que es difícil encontrar coberturas que vayan un poco más allá. Que se salgan un poco de lo políticamente correcto y del clima de época.

María Victoria dice muy bien en otra parte de su argumentación que nadie dice que el caso de Lucio no se cubre porque las asesinas eran feministas y lesbianas pero está claro que sí esa fuera la razón, nadie la invocaría en voz alta. No hay nadie en los medios defendiendo a la madre y a su pareja pero tampoco hay nadie acusandolas de la misma forma que sí se hace con los asesinos de Fernando. Eso es lo que llama la atención.

Como conclusión. Los dos juicios siguen su proceso, a pesar de las coberturas de cada uno, y tendrán sentencia más temprano que tarde. Mientras tanto, el debate seguirá dándose -en los medios y en las redes- y seguirá atravesado por falacias, medias verdades, mentiras y prejuicios. Porque vivimos en la era de la realidad virtual, en la que cada uno se inventa su propio molino de viento contra el que pelear y en el que los hechos ya no le importan a nadie.

Por Santiago Chemes.

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