
“Se lo dedico a los mismos de siempre, a los que estuvieron conmigo desde que gané mi primer torneo future, a mis amigos, a la gente que quiere lo mejor para mí, a mi familia y en especial a mi hermana que está en el cielo, es para ella todos mis partidos”. Las palabras corresponden a una declaración de Juan Martín del Potro realizada el 20 de septiembre de 2009, cinco días después de haberse consagrado campeón del US Open, el Abierto de Tenis de los Estados Unidos que, con apenas 20 años, había ganado en una histórica final ante Roger Federer.
Y entonces se supo. Todo aquel ritual posterior a cada triunfo tenía un sentido, un nombre propio: Guadalupe, su hermana mayor nacida en 1986, y fallecida en 1990 en un accidente de tránsito que sufrió la familia, oriunda de Tandil, en la localidad bonaerense de Lobería.

La Torre de Tandil es el segundo de los tres hijos de la pareja formada por Patricia, profesora de Literatura, y Daniel, ex jugador de rugby pero de profesión veterinario. Julieta del Potro, nacida en 1992, es la hija menor de una familia atravesada por aquel trágico episodio, aquel dolor del que no quieren hablar pero que les permitió profundizar un vínculo que se cree natural pero que, como todos, se fortalece con actos.
“Con mi hermana tenemos una relación increíble. Con ella soy más afectivo que con mis padres; me sale más decirle te quiero o te extraño a mi hermana que a mis padres. Con ella hablo a diario y es una de las personas que más feliz se ponen cuando gano y que más triste se ponen cuando pasa algo injusto conmigo, y cuando sufre me genera un malestar insoportable. Ella es lo más lindo que hoy tengo en la vida, después de la pérdida que tuvimos hace muchos años (en referencia a su hermana mayor) y no se merece sufrir ni un poco. Trato de cuidarla y muchas cosas las hago pensando en ella, para que sea feliz”, mencionó Delpo en una entrevista concedida al diario La Nación en 2014.
“Mi hermana para mí es muy importante. Le hago un regalo en cada partido, la señal de la cruz. Tengo recuerdos hermosos. A mi familia y a mí no nos gusta hablar de eso, pero es muy especial. Yo sé que me cuida y me guía, y que siempre me da fuerzas”, dijo el tenista argentino que anoche volvió a hacer historia también ante Federer y de nuevo en el US Open, aunque ahora, a diferencia de ocho años, fue en cuartos de final para clasificarse a las semis, donde enfrentará a Rafael Nadal.




















