
El Reino Unido se encuentra desde agosto de 2014 en “alerta severa”, el segundo nivel más alto de alarma antiterrorista, que indica que un ataque es altamente probable. Pero hasta ahora ha podido evitarse, gracias sobre todo a la labor de la excelente policía británica. El jefe contraterrorista de Scotland Yard, Mark Rowley, dio a conocer que en los últimos cuatro años se han descubierto trece planes terroristas, un tercio de ellos gracias a la cooperación ciudadana. Algunos de los golpes eran de la magnitud de los que han castigado a París y Bruselas.
Rowley ha facilitado los datos como parte de una campaña de anuncios que ha lanzado la policía para animar a los ciudadanos a denunciar ante cualquier conversación o escena sospechosa.
El jefe contraterrorista señala que las grandes amenazas son dos, la extrema derecha, como se vio en el ataque que costó la vida a la diputada Jo Cox, y el radicalismo islámico. Pero añade que no tienen la misma magnitud. El gran reto es sin duda el salafismo.
El centro de estudios Henry Jackson Society ha publicado un exhaustivo estudio sobre el terrorismo islámico en el Reino Unido, con algunas conclusiones novedosas, como que en contra de lo que indican los prejuicios xenófobos, tres cuartas partes de los atentados los llevan a cabo ciudadanos británicos, y no inmigrantes. También se percibe que las comunidades musulmanas asiáticas, los paquistaníes y bangladesíes, son menos proclives al terrorismo que los musulmanes de origen árabe. Una vez más queda desmontado el mito de que los terroristas son personas de una intensa religiosidad.



















