
Apenas minutos antes de las 13, mientras dos oficiales hacían un patrullaje de rutina por el barrio Centenario, pudieron divisar una cosa que les llamó la atención en un grupo de tres hombres que hablaban, en Tarragona al 600. A uno se le veía una culata de un arma que le salía a la altura de la cintura.
Los policías frenaron el patrullero, pero antes de identificarlo uno de ellos corrió y arrojó un bulto dentro de una iglesia evangélica. Demasiado obvio como para que el efectivo de seguridad no lo encontrara: era una pistola calibre 9 milímetros con la numeración borrada y adaptada para la colocación de un silenciador de disparos.
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Los dos hombres que quedaron en el lugar fueron detenidos. Uno de ellos de 27 años y el otro, tristemente célebre: Orlando Miguel “Nano” Leiva, de 45 años.
El jefe de la barra brava de Colón sería uno de los responsables de los constantes hechos de inseguridad que vienen sucediendo en el barrio Centenario. Balaceras que se dan incluso a plena luz del día. De hecho, el mismo Nano estuvo internado por heridas de bala hace un mes y medio atrás, pero fue dado de alta.




















