Droopy Gómez está en su lugar en el mundo: porque después de mucho esfuerzo pudo volver a jugar a Unión, el club del cual es hincha. Y tan fanático es, que ya le calzó el buzo del Tate a su hijo, a quien el fútbol parece gustarle demasiado.

En su casa, el nene patea todo lo que encuentra: desde una botella hasta una pelota. ¡Todo adentro de la casa! ¿Romperá algo? A nadie parece importarle demasiado. Lo primero es que el bebé se divierta.

El pichón de Droopy le da con fuerza a la pelota para todos lados. ¿Ya tendrá pasta de crack? Unión va a tener que ficharlo de chiquito, para que no se le escape de las manos. Y que no le cueste llegar, como le pasó a su papá.

¡Miralo!