
Los protagonistas están en todo de su derecho de no tomar contacto con la prensa. Suele ocurrir que jugadores o técnicos no están de ánimo para afrontar las preguntas de los cronistas y prefieren irse en silencio. Es respetable, no está establecido en ningún lado que tengan que hacerlo.
En el caso de Domínguez, siempre atiende al periodismo, antes y después de cada partido. Se nota que no es de su agrado enfrentar a los micrófonos, pero lo hace con frecuencia y amablemente. Esta vez fue raro.
Terminó el encuentro ante River. Camarógrafos y periodistas estaban esperando por la presencia del D.T. en la sala de conferencia. Se abrió la puerta y sorpresivamente apareció Estigarribia. El paraguayo quedó expuesto, mientras la gran pregunta era por qué no estaba el entrenador.
Horacio Darras confirmó que el “Barba” no iba a hablar. Nadie explicó lo qué pasó. De hecho, Brenda Bianchi, la mujer de Domínguez, estaba al aguardo para escuchar los conceptos de su marido. Minutos antes que llegue Estigarribia, la llamaron para que vaya al vestuario, pero dejó su equipo de mate en el recinto. Fue un momento extraño, confuso.
Más tarde, se lo vio al técnico buscando una salida alternativa, en el gimnasio Roque Otrino. Quería evitar la pasarela por donde se entra y se sale del lugar. Estaba como ofuscado, tratando de escapar a la incomodidad y se tuvo que retirar por la puerta de siempre.
Se escuchó que dijo al pasar: “¡Qué bronca me da esto!”, mientras daba vueltas sobre el mismo espacio. Algo le molestó y no se sabe qué.























