Por Germán Beauge * (Especial para NexoDiario)

Mientras el califato pierde terreno y fuerza en Irak y Siria, el grupo yihadista refuerza su imagen y presencia en Afganistán y Pakistán a golpe de atentados. El hospital militar de Kabul fue el escenario elegido para la última operación en la que más de 49 personas murieron y unas 69 resultaron heridas, la mayoría eran pacientes, médicos y enfermeros, así como los cuatro atacantes, según informó el general Daud Waziri, portavoz del ministerio de Defensa.
Cuatro yihadistas vestidos con batas blancas irrumpieron en el hospital, situado a unos metros de la Embajada de Estados Unidos. Uno de ellos se inmoló en la entrada y los otros tres, armados con fusiles de asalto AK-47 y granadas, abrieron fuego de forma indiscriminada y se atrincheraron en el interior edificio. Las fuerzas especiales afganas descendieron desde helicópteros en el tejado del hospital y comenzó una lucha de seis horas y media.
Mientras las explosiones y disparos retumbaban en el centro de Kabul, las redes sociales se convirtieron en la plataforma en la que los talibanes negaron cualquier implicación en el ataque y donde, poco después, el Estado Islámico asumió la responsabilidad a través de un comunicado difundido por la agencia Amaq.
Afganistán fue golpeado por una ola de ataques terroristas en los últimos meses mientras el EI compite con el talibán y Al Qaida en una continua insurgencia islamista en el país. La semana pasada se registraron decenas de muertos y heridos en ataques coordinados contra una comisaría de policía y una oficina del servicio de inteligencia en Kabul. Ese ataque se lo adjudicó el talibán, que buscan expulsar a tropas extranjeras, derrotar al gobierno respaldado por Estados Unidos y reimponer la ley sharia bajo su “emirato islámico” después de ser expulsado de Kabul en 2001.
*El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.



















