
“Hubo un momento que dejé de jugar al fútbol”, contó en una entrevista de archivo Santiago Morro García. El delantero de Godoy Cruz decidió terminar con su vida el sábado 4 de febrero, en Mendoza. Estaba bajo un tratamiento psicológico, alejado del plantel profesional.
Las situaciones de la vida, lo llevaron a una instancia determinante. Pero el delantero que hizo historia en Godoy Cruz ya había advertido sobre los problemas que tenía más allá del campo de juego. “Un día abrí la puerta y mi hermano vio de la manera que estaba viviendo. No prendía la luz de mi casa. Estaba totalmente deprimido. Y no quería jugar más al fútbol”, le confesó a TyC Sports en esa charla.
Luego, Morro se explicó: “Hubieron muchas situaciones que me sobrepasaron, que yo no hice. Lo del dopping positivo fue uno de los motivos, yo no entendía. Después me puse a investigar y, no es que me quedé tranquilo, pero… hubo malos manejos”. Al final, indicó: “En Uruguay yo quedo como drogadicto: mi caso fue el primero de la historia del fútbol uruguayo”.
La muerte del delantero de Godoy Cruz puso en el centro de la escena, una vez más a la depresión en los jugadores, ese debate silencioso.
“La muerte del Morro García nos obliga a prestarle atención a la depresión, angustia, y un montón de enfermedades silenciosas, que por lo general, avisan tarde”, escribió el periodista Pablo Carrozza, apenas unas horas después de haberse conocido la noticia de la muerte del delantero. Y agregó: “La cabeza no es una rodilla mal curada. Mucha fuerza a sus familiares y amigos. Hasta siempre, goleador”.
El periodista Federico Bulos fue por el mismo lugar: “La depresión es una enfermedad grave y cada vez más frecuente (lamentablemente), no se puede subestimar ni tratar con liviandad. QEPD Morro García”.
Hacía un tiempo atrás, en una entrevista después de un partido, el delantero de Boca Wanchope Ávila había hablado del tema: “La pandemia golpeó a mi hermano, que se quitó en la vida en mi casa. Por una depresión que nunca nos avisó, que no sabíamos que tenía y que le ha pasado mucha gente”, indicó. Y agregó: “Darle un mensaje a esa gente, que pida ayuda. No se dan una idea la tristeza que se siente cuando te llaman y te dicen que tu hermano se quitó la vida en tu casa”.
Ese noviembre, cuando Ávila se decidió a hablar del tema, había sucedido otra muerte con algunas características similares, que fue un terremoto mundial: el fallecimiento de Diego Armando Maradona. Si bien tuvo muchos otros condimentos, testigos de su entorno aseguran que el jugador más importante de la historia del país sufría una grave depresión: “Hace tiempo no quería vivir más”, dijeron en distintas oportunidades.
En 2019, un hecho similar sacudió al fútbol desde Santa Fe. El 22 de abril de ese año se suicidó Julio César “Huevo” Toresasni. Inmerso en un cuadro de depresión, decidió quitarse la vida a los 51 años.
Por ser exitosos en lo suyo y admirados por gran parte de la sociedad, se considera que los futbolistas y la depresión no tienen nada que ver. Sin embargo, el debate, alguna vez silencioso, ha cobrado centralidad. Y las entidades encargadas de velar por la salud de los profesionales tendrán que empezar a tomar el problema muy en serio.



















