Lourdes Espíndola, una policía de 25 años, esperaba el colectivo para regresar a su casa cuando fue baleada en Ituzaingó. Con esfuerzo tomó su celular y le mandó un mensaje a su pareja, Fernando Altamirano (de 34 años y oficial de la Fuerza) para decirle lo que había sucedido. El audio es desgarrador. Dramático. “Me tiraron un tiro. Me muero”, le dijo.

Su novio llamó a una compañera para que vaya a asistirla, pero no fue suficiente. Lourdes fue declarada con muerte cerebral y su familia ya autorizó a donar sus órganos.

El sábado a las 18.30, Lourdes había terminado su turno y volvía a su casa, con chaleco y uniforme. Tenía que ir a buscar a su hijo de seis años, que lo esperaba para cenar.

Pero dos personas bajaron de un auto para robarle. Lo único que les interesaba era el arma de Lourdes. La mujer se resistió y finalmente fue baleada con su propia pistola en el esternón.

Cuando su compañera llegó a asistirla, encontró un panorama desolador. La víctima había perdido mucha sangre. Fue internada en el Hospital Posadas con un cuadro “grave y pronóstico reservado”. Su estado es irreversible.

El Ministerio de Salud de la Nación, en un comunicado de prensa, indicó que “se ha determinado la muerte cerebral de la paciente Lourdes Espíndola, de 25 años, que ingresara con herida de arma de fuego en la región supraclavicular izquierda, con lesión carotídea y traqueal”.

“Asimismo, se comunica que, por decisión de la familia, se ha iniciado el proceso para la procuración de órganos a través de Incucai y Cucaiba, dando así la posibilidad de seguir viviendo a otras personas que están a la espera de un trasplante”, añadió.

“Teníamos sueños, queríamos comprar un terrenito para hacer un dúplex y no vivir toda la vida siendo policías. No quería esperar a terminar así, tengo hijos. Somos una familia, teníamos sueños, teníamos vocación de policía, amamos lo que hacemos. El policía de la provincia de Buenos Aires está todo el tiempo desprotegido”, se quejó Fernando, la pareja de Lourdes, consternado por el estado de su pareja.