Una mujer y su hija están desaparecidas y la policía busca dar con el paradero del hombre que vivía con ellas. Las autoridades a cargo de la investigación temen que se trata de un doble femicidio en medio de la cuarentena obligatoria decretada por el gobierno.

Se trata de Cristina Beatriz Iglesias, quién vivía en Lanús con su hija menor, Ada, de siete años. Ambas perdieron contacto con sus familiares, quienes aseguran que el implicado es un hombre que se mudó a vivir con ellas.
En la casa se observan sitios recientemente limpiados y un investigador judicial aseguró que “Es sangre. Hay manchas por toda la casa”.
Según publicó Infobae, Dolores, la hija mayor de Cristina Beatriz Iglesias, recibió mensajes “poco normales” del celular de su madre en la tarde de ayer. Eran respuestas esquivas, con pocos datos, mientras Dolores insistía. Solían comunicarse por videollamadas, audios, pero el teléfono de Cristina respondía solo por texto. No parecía ser su madre.
Madre e hija vivían separadas, Dolores con su abuela Gloria, Cristina en su casa de la calle Purita al 4000 en Monte Chingolo, partido de Lanús. Vivía allí con su hija menor, Ada, de 7 años, nacida de una relación anterior, un hombre que falleció. En los últimos tiempos, Dolores y su abuela no pueden precisar, se mudó un hombre de la zona, Abel Romero, del que no sabían si trabajaba o no, que se movía en una bicicleta negra despintada y fumaba porro en la vereda. Hacía arreglos en la casa, decía Cristina, de 40 años.
Entonces, ante la falta de respuestas, Dolores fue a la casa de su madre, cerrada. Encontró una bolsa de basura en la puerta, con fotos familiares, ropa. Entró, tenía llave. Los cajones, insólitamente, estaban vacíos.
Apareció Romero, nervioso, temblando, con evasivas, no decía mucho: Dolores lo confrontó en la entrada. “Me decía que mi mamá se iba a pasar la cuarentena con una amiga, que agarró y se fue”, asegura la hija mayor de Cristina a Infobae. Ya había intentado hacer la denuncia en una comisaría de la zona: “Fue la noche antes, pero no me hicieron caso, me dijeron que espere, a ver si aparecía”.
Dolores fue al cuarto de su madre: encontró el colchón y el sommier mojados. Parecían lavados.
Lo que se lavó, asegura un investigador judicial, era sangre. “Hay manchas por toda la casa”, dice una fuente judicial. Con Cristina y Ada desaparecidas, con Romero considerado un sospechoso de lo que sería el primer crimen brutal en medio de la cuarentena ordenada por decreto, el caso está en manos de la UFI N°1 de Lanús con el fiscal Jorge Grieco.



















