
“Me putean en Colón y en Unión”. La frase pertenece a Darío Cabrol, el enganche santafesino que debutó en el Tate y que después de pasar por varios clubes de Argentina y del exterior decidió volver a su ciudad natal… pero a jugar en el rival: firmó con el Sabalero.
El caso, conocido y repasado hasta el cansancio en Santa Fe, se vuelve a dar en la actualidad con el delantero de Vélez, Mauro Zárate, que volvió a la liga local para salvar a su club del descenso y que en este mercado de pases se convirtió en noticia: porque a pesar de haber jurado nunca jugar en otro equipo de Argentina, acaba de ser contratado por Boca.
En la familia de Mauro dijeron que sintieron haber sido traicionados por el jugador y los hinchas de Vélez llegaron a incendiar camisetas con el número 9, que él usaba. Hasta el mismísimo jugador debió declarar que “por primera vez traicionaba su palabra”.
No escuchó a Cabrol, quien tiempo después de haber pasado por Colón sintió que se había equivocado: “Me arrepiento”, sentenció. “Algunos hinchas de Unión todavía me gritan traidor”, completó.
En aquel momento, Darío Cabrol se justificaba: “Lo hice más desde el enojo por los dirigentes de Unión de ese momento que no me quisieron, que por ganas de ir a Colón”. Pero quedó en la historia santafesina como un judas del deporte. Alguien que dejó de lado su pasión, una cuestión que en el fútbol ofende a todos.























