
El paso de Jorge Bergoglio por Santa Fe es reconocido por todos en la región. El actual Sumo Pontífice se formó como párroco en la ciudad, entre 1964 y 1965. Pero no fue la única relación con la ciudad: de hecho, hasta ahora no se conocía cómo fue espiado y el informe de inteligencia que realizaron durante la última dictadura sobre su accionar en esta capital provincial. Eso fue revelado por el libro “Salvados por Fancisco”, de Aldo Duzdevich.
“Según cuenta Austen Ivereigh en El Gran reformador, Bergoglio formó un equipo dirigido por el padre Jorge Camargo para organizar retiros de discernimiento destinados a jóvenes en distintos lugares del país y descubrir nuevas vocaciones sacerdotales. Los resultados fueron muy positivos”, inicia el capítulo del libro titulado “Inteligencia policial sobre Bergoglio”. El éxito fue tal que de los cinco novicios reunidos en 1975 pasaron a 28, dos años después. “La curia jesuitas de Roma quiso saber cuál era la fórmula del éxito. La receta tenía que ver con la articulación de Bergoglio”.
Pero su trabajo no sólo llamaría la atención del Vaticano. Un espía policial de Santa Fe, cuyo hijo era alumno de la Inmaculada Concepción, redactó un informe secreto que estaría, según el libro, en el Archivo Provincial de la Memoria. El 5 de julio de 1978 “se entero por su hijo, alumno del colegio de la Inmaculada Concepción, que los días 23, 24 y 25 de julio, alumnos de quinto año realizaron “ejercicios espirituales según las normas de San Ignacio en la Casa del Encuentro (en un campo cercano a la localidad de Maciel”.
Según el informe de inteligencia, “el contenido de los mismos, previo a la parte religiosa que predispone a la entrega, a la generosidad, a la caridad y al amor, consistió en una labor de adoctrinamiento subversivo”.
Luego, el libro de Duzdevich agrega: “El informante destaca que entre otros conceptos que se vertieron se dijo que ‘la gente de clase media (burgueses) son vivillos y explotadores’. Y que hubo un mártir de la causa de los pobres que fue un cura Carlos Mujica”
“Luego de relatar las conversaciones de recreo de los jóvenes y citar a dos como testigo, cierra diciendo que el sacerdote depende directamente del provincial de los jesuitas, que se llama Jorge Bergoglio y vive en el colegio máximo de San Miguel, Buenos Aires”, dice el autor. Y concluye: “En general los informes de inteligencia policial solían ser muy elementales, pero lamentantablemente muchas veces podían llevar a alguien a ser detenido o secuestrado. En este caso, los acusados eran el padre Jorge Camargo y su jefe, Jorge Bergoglio”.



















