Este 22 de junio se celebran 12 años de uno de los partidos más importantes que jugó el sabalero en el último tiempo. Colón y Racing se jugaban la permanencia en primera, como no podía ser de otra forma, el rojinegro sufrió hasta el final. Con gol de “Pirulo” Rivarola, los de Mohamed mandaron a la promoción a la Academia.

Con unas sentidas palabras, el hoy comentarista de LT10, contó los pormenores de aquella noche.

 

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Ellos estaban desesperados. Su historia, su escudo y su urgencia los desesperaba. No quedaba nada. Solo la esperanza y su autoestima inclaudicable para sostenerlos en pie. Nosotros estábamos desesperados. Nuestra historia, nuestro escudo y la necesidad de que termine el juego nos desesperaba. No quedaba nada y quedaba todo. Nada de tiempo y un lugar en el confort de Primera por definir. Capu me vio, la soltó y tuve que correr. El bullicio en crecimiento, mis lesiones, mis treinta y ocho meses sin goles, esa porción de gloria al alcance de mis pies, el nacimiento de mi hijo horas antes, mi revancha con el fútbol. Todo en mi mente, todo en quince metros, todo en nada de tiempo. ¿Era mi momento? Creí que sí. La idea madre, la del amago y posterior remate se esfumó cuando la pelota me desobedeció. La idea secundaria, la de cederla, se elevó sobre mis nubes en el instante en que Germán pasó a mi lado. ¿Era mi momento? No, era el de todos y con todos, aunque la justa historia dirá que la zurda de Rivarola aflojó el nudo que incomodaba la nuez y las gargantas fueron libres para gritar gol con la fuerza que solo tiene el desahogo. Colón fue de Primera, otro año. Racing, también, aunque transitando el agobiante examen que pudo luego promocionar. Yo debí aguardar, gracias a Collado, otro largo tiempo para gritar un gol de mi autoría. Y Pirulo se hizo inmortal en tonos rojinegros. . #Pirulazo

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El recuerdo de Carignano

Ellos estaban desesperados. Su historia, su escudo y su urgencia los desesperaba. No quedaba nada. Solo la esperanza y su autoestima inclaudicable para sostenerlos en pie.

Nosotros estábamos desesperados. Nuestra historia, nuestro escudo y la necesidad de que termine el juego nos desesperaba. No quedaba nada y quedaba todo. Nada de tiempo y un lugar en el confort de Primera por definir.

Capu me vio, la soltó y tuve que correr. El bullicio en crecimiento, mis lesiones, mis treinta y ocho meses sin goles, esa porción de gloria al alcance de mis pies, el nacimiento de mi hijo horas antes, mi revancha con el fútbol. Todo en mi mente, todo en quince metros, todo en nada de tiempo. ¿Era mi momento? Creí que sí.

La idea madre, la del amago y posterior remate se esfumó cuando la pelota me desobedeció. La idea secundaria, la de cederla, se elevó sobre mis nubes en el instante en que Germán pasó a mi lado.

¿Era mi momento? No, era el de todos y con todos, aunque la justa historia dirá que la zurda de Rivarola aflojó el nudo que incomodaba la nuez y las gargantas fueron libres para gritar gol con la fuerza que solo tiene el desahogo.

Colón fue de Primera, otro año.

Racing, también, aunque transitando el agobiante examen que pudo luego promocionar.

Yo debí aguardar, gracias a Collado, otro largo tiempo para gritar un gol de mi autoría.

Y Pirulo se hizo inmortal en tonos rojinegros.