Por Germán Beauge*

La campaña francesa más volátil e incierta llega a su fin con un asunto en la mente de los millones de ciudadanos que hoy acudirán a las urnas: el terrorismo. El atentado del jueves en los Campos Elíseos de París elevó la tensión en unas elecciones que ya han trastocado el sistema de partidos francés y han disparado el riesgo de una convulsión populista.
47 millones de franceses acudirán a las urnas para decidir quién, de los once candidatos que hay, los gobernará durante los próximos cinco años. Lo harán en medio de exorbitantes medidas de seguridad, para impedir que cualquier ataque terrorista impida el normal desarrollo de las elecciones.
Los cuatro que encabezan los sondeos son el centrista Emmanuel Macron, Marine Le Pen del Frente Nacional, el conservador François Fillon, y el exsocialista y hoy líder de la izquierda alternativa, Jean-Luc Mélenchon. Dos candidatos más o menos adscritos al sistema (Macron y Fillon) y dos (Le Pen y Mélenchon) situados fuera de la corriente principal de la V República y propulsados por la ola de enfado con el sistema en las sociedades occidentales.
La campaña desde hace tiempo que es excepcional. Y lo es por tres diferentes razones. Primero porque el presidente en ejercicio, el socialista François Hollande, por primera vez en la historia no se presenta a la reelección. Segundo porque uno de los dos grandes partidos franceses, el Partido Socialista, probablemente quede fuera de la segunda vuelta (el otro partido es Los Republicanos, del expresidente Nicolas Sarkozy). Y tercero porque desde febrero han liderado los sondeos dos políticos que no pertenecen a ninguno de los grandes partidos, Macron, candidato de En Marcha!, y Le Pen, del Frente Nacional.
Hasta el jueves, el terrorismo era un tema secundario en la campaña. Se imponían los ‘affaires’, los escándalos, en particular la investigación judicial a Fillon por los supuestos empleos ficticios de su familia. Pero todo cambió cuando un hombre, aparentemente inspirado o dirigido por el Estado Islámico, disparó contra un grupo de policías en los Campos Elíseos. Mató a uno y él mismo fue abatido después.
Le Pen utilizó la tragedia para arremeter contra sus contrincantes. “No podemos permitirnos perder esta guerra”, dijo la hija del fundador del partido, Jean-Marie Le Pen. “En los últimos diez años, los gobiernos de izquierdas y de derechas han hecho todo lo posible para que la perdamos. Necesitamos una presidencia que actué y nos proteja”.
Le Pen cree que el atentado confirma sus advertencias sobre el peligro terrorismo y lo que ella llama el “laxitud y la ingenuidad” de las autoridades. Y plantea un cambio de rumbo que contempla recuperar la soberanía ante la UE, cerrar la puerta a inmigrantes legales e ilegales, clausurar mezquitas y prohibir grupos islamistas. Es decir, pretende un “Frexit”.
Terminó el debate y llegó la hora de votar. La lógica, según un diplomático francés es bastante simple: “En la primera vuelta votamos a quien efectivamente queremos en el Elíseo, en el ballotage votamos contra el candidato que rechazamos ver en el Elíseo”.
*El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.



















