
Se trata de la italiana Emma Morano, quien falleció el sábado a la avanzada edad de 117 años y 137 días, en su casa de Verbania, muy cercana al lago Maggiore.
Su fecha de nacimiento data del siglo XIX, ya que nació el 29 de noviembre de 1899 y, por lo tanto, llegó a vivir tres siglos. Nació en Civiasco (Piamonte) pero siendo una niña se mudó a las cercanías del lago Maggiore, en la frontera de Italia con Suiza. Trabajó durante toda su vida, desde los 12 hasta los 55 años en una fábrica de sacos de arpillera. Después, también lo hizo en el comedor de un colegio gestionado por unas monjas. Era la mayor de ocho hermanos -todos fallecidos- y los estudiosos también buscan pistas en la genética de su familia, puesto que dos de sus hermanas murieron con 100 y 102 años.
En los últimos 20 años no salió de su casa, y su rutina consistía en recibir a periodistas y científicos que estudian los secretos de la longevidad. En cuento a esto comentaba que desde su juventud comía tres yemas de huevo al día (dos en los últimos años), algo de carne, un poco de fruta y una copita de grapa cuando había algo que celebrar.
También responsabilizaba a la soltería de su larga vida. Se casó en 1926 con un hombre que la maltrataba y al que dejó luego de 12 años de matrimonio y de muerte repentina de su hijo de tan solo seis meses. Se convirtió así en una de las primeras mujeres italianas en separarse de su marido, algo que hizo sabiendo que la exponía a la cárcel. Años después se enamoró de un hombre que fue a combatir a la Segunda Guerra Mundial y no volvió y, tras esta experiencia, decidió que viviría sin una pareja.
Según el Grupo de Investigación Gerontológica de Estados Unidos, actualmente es considerada como la quinta persona que ha llegado a esta marca en la historia. Esto la convirtió en centro de estudios científicos, entre ellos, de la universidad estadounidense de Harvard, que estudia su ADN.



















