
Ya en su época de futbolista, Ariel el “Chino” Garcé mostraba su fanatismo por el deporte que lo rodea hoy, tras su retiro de las canchas. De hecho en Colón, el defensor usaba la camiseta número “46” en honor a su ídolo: Valentino Rossi.
Por eso, una vez que colgó los botines, el “Chino” se rodeó de motores. Ahora es técnico de MotoGP, la competencia de motos más importante del mundo.
Este fin de semana, en la competencia en las Termas de Río Hondo, Infobae lo encontró caminando por el paddock como un empleado más. “Son las 8 de la mañana, aún no hay mucho movimiento de fanáticos, pero él ya está ahí en el Circuito Internacional de Termas de Río Hondo dispuesto a cumplir con su trabajo”, cuenta la crónica. Y completa: “La cama del motorhome en el que se hospeda con sus amigos y el ruido constante de las motos que circulan por la ciudad no lo han dejado descansar plácidamente, pero la felicidad de estar cerca de una de sus pasiones es combustible suficiente para iniciar la jornada”.

En el MotoGP lo llaman por su apellido. Lejos quedó el estrellato del fútbol: incluso en ese planeta de dos ruedas nadie repara en que fue a un Mundial y compartió equipo con Leo Messi.
Garcé jugó durante 15 años al fútbol. Y luego de su paso por Colón y River, entre otros equipos, se dedicó a la dirección técnica como entrenador adjunto del ‘Chacho’ Coudet en Rosario Central.
Pero su otra pasión lo tiró más: su amistad con Hernán Villacreces, piloto oriundo de Rosario que fue varias veces campeón de Supermotard y que ahora compite en el Certamen Argentino de Motociclismo (CAM), lo acercó a la cocina del Campeonato Mundial de Motociclismo. Hernán se desempeñó como técnico el año pasado y este año sumó al “Chino” a la aventura.
“Son parte del grupo de comisarios que se encargan del control técnico, una función que desempeñan distintas personas ligadas al motociclismo en Argentina. Verifican cubiertas, chasis, motor, transponder, la temperatura del combustible y más cuestiones que hacen al rendimiento de las motos”, comenta el artículo de Infobae sobre su tarea.

Y Garcé agrega: “Siempre venía a ver, me gustan las motos, con mis amigos vamos a andar. En el 2015 estuve un par de veces, pero el lugar que ocupo ahora no existe. No hay entrada posible ni plata que lo pague. Al margen de eso, de estar en un lugar privilegiado, tengo un trabajo que hacer: verificar algunas cosas que ya están chequeadas anteriormente, es simplemente supervisar. Pero después está la experiencia de vivir esto, yo nunca había visto a los pilotos de cerca y ahora estamos al lado, verificamos sus motos, vemos cómo se preparan para la carrera, escuchamos comentarios y estamos en este ambiente. Tenemos restricciones, obvio, no podemos ir a la pista a mirar, pero podemos colaborar con ellos y vivir una nueva experiencia. Estoy muy contento”, confesó Garcé.
Y luego compara sus dos amores deportivos: ”Hay una parte similar entre el fútbol y las motos, eso de liberar los miedos antes de salir a competir. Todos los deportistas pasamos por eso, hasta Messi. Vos podés decir ‘¿qué miedo puede tener Márquez y Valentino?’, pero ellos también buscan confianza y tratan de apoyarse en algo antes de largar –compara el ‘Chino’, quien también establece diferencias–, aunque este es un deporte individual, al margen de que tengan un equipo atrás, el piloto sale solo a la pista. A un piloto le podés decir ‘acá es cuarta, acá el frenaje es este’ pero después lo hace él. Por más que el equipo te hable por radio, si tenés un error nadie te salva. En el fútbol tenés el apoyo de otros 10 jugadores, en la cancha te da un cachetazo un compañero y te acomoda, y si vos perdés lo tenés al otro que te puede salvar”.
























