A 45 minutos del centro de Moscú, en tren, aparece un auténtico mercado de pulgas ruso donde se encuentran adornos, vestimenta, recuerdos y antigüedades a precios más accesibles.

Artesanos rusos llegan de todas partes del país para ofrecerle a los miles de turistas el souvenir obligatorio para completar el viaje al Mundial.

Desde unos cuatro dólares (unos 200 rublos) se encuentran las tradicionales muñecas rusas Mamuskas, y por unos 20 dólares (1,200 rublos) una réplica de los huevos de Fabergé, las antiguas joyas diseñadas para los zares rusos en el siglo IXX.

Sombreros de piel, vajilla, cámaras antiguas, ropa usada, máscaras y un montón de objetos aparecen en los diferentes stands de la feria predilecta de los turistas.

El mercado está abierto todos los días de la semana y para entrar se paga un tickets nada significativo. Eso sí, los precios no están a la vista porque para conseguir un objeto hay que regatear. En Rusia el regateo está a la orden del día, aunque los nacionales, que para algunas cosas son muy duros, suelen mostrarse simpáticos y accesibles en ese aspecto.

La “cuna de los souvenirs”, como la apodan, es una parada imprescindible para todo visitante de Moscú.

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