Por Germán Beauge * (Especial para Nexo Diario)

El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, uno de los hombres de máxima confianza del presidente, aceptó inhibirse en todas las investigaciones sobre la conexión entre el Kremlin y la campaña electoral del multimillonario. La decisión fue adoptada después de que se hiciera público que Sessions había ocultado al Senado sus reuniones con el embajador ruso en pleno ciberataque de Moscú contra el partido de Hillary Clinton.
Bajo esta presión, de nada valió el “apoyo total” que le brindó el presidente. El fiscal general, asaeteado por demócratas y republicanos, se vio forzado a recusarse a sí mismo. “Es un hombre honesto y no dijo nada malo; pudo ser más claro, pero no fue intencionado”, afirmó el presidente.
Los demócratas exigieron la renuncia del fiscal general. “Por el bien del país, debería dimitir. Las revelaciones que conocimos anoche son especialmente problemáticas”, aseguró el líder en el Senado, Chuck Schumer, quien además solicitó que se designe a un fiscal independiente para investigar los supuestos nexos entre el presidente y el Kremlin.
Por su parte, la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que Sessions “mintió bajo juramente” cuando negó contactos con funcionarios rusos durante su proceso de confirmación en el Senado y pidió su dimisión.
De este modo, la cúpula demócrata en el Congreso pidió la renuncia de Sessions, luego de que se supiera que omitió revelar ante el Senado que mantuvo contactos con el embajador de Rusia durante la campaña presidencial.
Pese a que el presidente Donald Trump y la cúpula oficialista salieron a respaldarlo, Sessions comprendió que estaba en serios problemas se avecinaba una tormenta y se excusó de participar en la investigación sobre el presunto hackeo ruso al Partido Demócrata durante las elecciones presidenciales pasadas, que según Barack Obama benefició al flamante mandatario estadounidense.
Sessions aceptó recursarse de la investigación sobre el presunto ataque cibernético de Rusia, pero rechazó renunciar a su cargo en el gabinete. “Mi equipo me recomendó recusarme. Ellos dicen que como estuve involucrado en la campaña no debo ser parte de ninguna investigación sobre la campaña”, dijo el fiscal general en una conferencia de prensa.
Sessions admitió haber mantenido encuentros con el embajador ruso en Washington, Serguei Kiskyak, aunque señaló que no recuerda haber tenido “ninguna discusión sobre política”, y aclaró que los encuentros fueron cuando él aún era senador y miembro de la Comisión de Servicios Armados de la cámara alta.
Sin embargo, el problema real que enfrenta el fiscal general no son esas reuniones, sino el hecho de que haya cometido perjurio en la sesión de confirmación de su nuevo cargo en el Senado. Sessions había afirmado en esa audiencia legislativa que nunca se reunió con miembros del gobierno ruso durante la campaña presidencial.
El caso de Sessions desató una nueva crisis en el gobierno de Trump, semanas después de la destitución del asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general Michael Flynn, por ocultar contactos que mantuvo también con Kiskyak antes, durante y después de las elecciones.



















