
Fue un partido friccionado. En el primer tiempo hubo mucho nerviosismo y se cortó constantemente con faltas al rival, pero no hubo ninguna tarjeta.
En el segundo tiempo llegaron las emociones. No sólo los dos goles del sabalero, sino también los cuatro expulsados que tuvo el partido.
El primero en irse al vestuario antes de tiempo fue Torres, que minutos antes había colocado un preciso centro para que Ortíz colocara el 1 a 0. A los 15 del complemento saltó a cabecear con el codo alto y golpeó a De Iriondo. Roja directa.
Luego fue el propio De Iriondo que se fue expulsado. De una manera muy inocente: cuando Leguizamón se iba substituido lo quiso apurar y le metió un empujón. Luego forcejeó con el árbitro para evitar que éste le sacara la segunda amarilla, cuando se dio cuenta que la expulsión era una realidad.
Cuando el partido se terminaba, Silva y Algozino, que habían entrado en el segundo tiempo, se trenzaron y Patricio Lusteau no dudó en mostrarles la roja directa. Silva pateó a Algozino y éste le metio un tackle.
Así pasó un clásico con más expulsados que goles. Con más nerviosismo que fútbol.






















