Hace 365 días, la incertidumbre gira en torno a la desaparición de esta nave en el sur del país. Y aún más inciertas son las especulaciones e irregularidades en torno a esa desaparición. Pero lo cierto es que un año después, las familias realizan su duelo en la más completa desolación.
Los hechos. El 16 de noviembre de 2017 por la tarde, el diario Infobae publicaba una noticia sobre “un submarino argentino perdido a la altura de Puerto Madryn»” el día anterior. El periódico publicó una foto de la comunicación interna de la Armada ordenando la búsqueda del submarino por “sospecha” de “extravío”, informando última posición y hora conocida, y solicitando dos naves y una aeronave para iniciar el protocolo SARSUB de búsqueda y rescate.
Al día siguiente, por la tarde, la Armada Argentina emitía un comunicado confirmando la situación pero sin utilizar la palabra extravío o desaparición, ni mencionar que se hubiera iniciado una operación SAR. El comunicado informó que el 15 de noviembre a las 7:30 (hora local), se había perdido contacto con el submarino ARA San Juan tripulado por 44 personas y que “en el día de la fecha se han iniciado las operaciones para retomar comunicaciones”.
La información oficial detalló que el submarino estaba en tránsito desde Ushuaia hacia su base habitual en Mar del Plata y que la última posición conocida fue el golfo San Jorge, a 240 millas náuticas (432 km) de la costa.
Con posterioridad se sabría que el submarino se encontraba en misión de patrulla, cuando sufrió un desperfecto eléctrico con “principio de incendio” (humo sin fuego) luego reparado, que motivó la orden de dirigirse a Mar del Plata. Al momento de la emisión del comunicado, dos aeronaves habían recorrido el área y tres buques habían sido enviados al lugar, pero todavía no habían arribado.1
El submarino se encontraba en ese momento bajo el comando del capitán de fragata Pedro Martín Fernández, con una tripulación de 38 personas -entre ellas una mujer-, un tripulante más que los que le correspondían por diseño. Además eran transportados seis buzos tácticos, que sumaban un total de 44 ocupantes.
Inconvenientes en las baterías y principio de incendio. Desde antes de que el gobierno anunciara oficialmente que se había perdido un submarino, existían versiones de que podría haber sufrido una falla eléctrica en las baterías, relacionada con un incendio. En los primeros días, la Armada desmintió oficialmente que se hubiera producido un incendio a bordo del submarino. El domingo 19 de noviembre Claudio Rodríguez, hermano del suboficial Hernán Rodríguez, jefe de máquinas del ARA San Juan, dio a conocer a la prensa que debieron anticipar su regreso por “problemas con el submarino”.
Mucha agua corrió bajo este puente. Y una búsqueda incesante provocó que buques especializados de todo el mundo desplegaran sus fuerzas para dar -en un principio con los sobrevivientes- con los cuerpos de estos 44 valientes que desaparecieron en las profundidades.
365 días después,sus familiares les rendirán homenajes con cartas, plegarias y botellas al mar con mensajes.
Marcela Sánchez, esposa del suboficial primero Alberto Cipriano Sánchez, contó hoy a Télam en Mar del Plata que, días atrás, se embarcó junto a otros familiares en el crucero “Anamora” y, luego de zarpar desde el puerto local, navegaron mar adentro para lanzar, en aguas revueltas y brumosas, una botella con una carta para su marido, uno de los cuatro marplatenses que viajaban en el San Juan.
“Miramos el mar y nos preguntamos dónde estás. Queremos encontrarte y vamos a hacer todo lo que sea necesario hasta saber la verdad”, escribió Sánchez en el mensaje para su esposo, con quien llevaba 25 años de casada.
Agregó que la semana pasada ella y los dos hijos del matrimonio, Juani y Julián, viajaron a Ushuahia para un homenaje en el que participaron otros familiares de los submarinistas, y aprovecharon la ocasión para buscar el patio de la galería desde la que el “Cipri” Sánchez les había enviado una de sus últimas fotos antes de embarcarse en el que sería el viaje final del buque.
“Hacer fotografías preciosas era uno de sus hobbies. Pero me quedaron pocas fotos, porque él se había llevado la computadora a bordo. Por eso fuimos y con los chicos nos sacamos la misma foto que él, en el mismo lugar. Para sentir que estamos juntos de algún modo”, recordó.
Marcela Moyano fue otra de las esposas que se embarcó para dejar un mensaje en una botella a su marido, Hernán Rodríguez, jefe de máquinas del San Juan, con el que comenzó una relación por Facebook allá por 2012, mientras él estaba destacado en una misión en la estación de la Armada ubicada en la isla Laurie de las Islas Orcadas del Sur.
“A un año de su desaparición, sigo sin saber de él. Sólo pido saber dónde está, porque a veces siento que estoy como el primer día que me llamaron para que fuera a la Base Naval”, dijo Moyano, que reza cada día a San Expedito para pedirle alguna pista sobre el hombre del que se enamoró luego de que le enviara una solicitud de amistad desde la base antártica.
Marta Vallejos, hermana del suboficial segundo Celso Oscar Vallejos, sonarista del submarino, contó que la fórmula preferida para tener presente a su hermano es escribirle cartas y mirar las fotos que guarda de él.
“Miro sus fotos y todavía no caigo. Cuando se lo nombra, trato de recordarlo siempre alegre como era él. Recuerdo las charlas que teníamos, las anécdotas sobre las travesuras que hacíamos juntos”, recordó.
Una de las fotos que más observa, agregó, es la del último cumpleaños de Celso, el número 38: “La tengo en un portarretratos: la torta es un submarino”.
“Le escribo cartas todo el tiempo, y en estos días, más: me las guardo en mi agenda y es como si habláramos, más allá de lo físico. Le cuento mis cosas, mis sueños, mi tristeza por momentos”, relató Vallejos, y aseguró que sigue en contacto con muchos de los amigos que compartían con él, incluidos aquellos con los que despuntaba su pasión por el arbitraje en partidos del fútbol local, al igual que otros cuatro submarinistas.
Casado con Paola, y padre de Sofía, Guadalupe y Thiago, Celso era un pisciano “inteligente, divertido y familiero”, según Marta, y “una figura difícil de olvidar” para ella, para sus padres y para su otra hermana, Malvinas.

























