“Palo, veo tu biblioteca nomás”, le decía Pullaro a Oliver, cada uno en su casa, en la previa del discurso de inicio de sesiones ordinarias de la Legislatura que iba a dar el gobernador Omar Perotti. El inconveniente era que en el recinto ya habían comenzado a tomar asistencia y los micrófonos de los diputados estaban abiertos, aunque ellos no sabían. Desde ahí hubo perros ladrando, chistes y enojos que se sucedieron en un arranque accidentado de las sesiones virtuales.

“Me fui a dar una vuelta”, respondió Oliver a lo que le decía Pullaro. Y luego: “¿Alguien ve el recinto?”. Alguien más le recomendó: “Tenes que correr para el costado, hasta que aparezca”.

Mientras tanto, la vicegobernadora Alejandra Rodenas los intentaba frenar, de manera infructuosa: “Señores, señores”, decía sin obtener ningún resultado. Nadie la escuchaba.

“Esta es la modalidad virtual o remota y es muy sencilla. Clausuren sus micrófonos y sólo actívenlo en el momento en que tengan que dar el presente”, pidió luego la presidenta de la Cámara de Senadores.

“Parece que nos está retando y no sé por qué”, se enojó un legislador. “Usted comprenda que todos estamos con buena voluntad. Nadie está burlándose, todos estamos colaborando con la importancia que esta asamblea merece. Refiérase a nosotros como personas adultas y responsables”, se plantó la diputada Mónica Peralta.

El inicio de las sesiones virtuales, producto de la pandemia que impide que todos estén presente en el recinto, arrancó con un tropiezo que dejó algunas perlitas.

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